Crimen sin coartada

Ciudad de México /

No se trató esta vez de impedir que un gobierno hostil empleara sus “armas de destrucción masiva”, tampoco de la “defensa de la libertad y de la democracia” en nombre de las cuales tanta sangre inocente ha derramado los Estados Unidos en el mundo.

No lanzaron ahora las típicas peroratas anticomunistas con las que, por décadas, alimentaron la paranoia colectiva en el pueblo estadounidense, ni se esgrimió el argumento de la seguridad nacional.

No se usó a la “gran prensa” norteamericana para preparar el terreno con “investigaciones” “grandes revelaciones” y “reportajes” que justificaran la acción militar como se hizo cuando la invasión a Panamá en 1989.

Esta vez los perpetradores de este crimen de guerra atroz no se preocuparon siquiera por tener una coartada ideológica, política, de seguridad nacional.

La droga fue solamente un pretexto desechado brutal y descarnadamente por el propio Donald Trump en su conferencia de prensa.

Por el petróleo agredieron brutalmente a un país soberano.

Por la plata y en nombre de las grandes compañías petroleras -que según el propio presidente estadounidense pagarán los costos de la operación- es que violaron las más elementales normas del derecho internacional y de la coexistencia pacífica entre naciones.

Al servicio de intereses privados pusieron al ejército más poderoso de la tierra.

Como los viles corsarios actuaron invocando, además, una doctrina decimonónica; la del “destino manifiesto”.

Quieren -el propio Trump así lo declara- tener control hemisférico total; necesitan vecinos sumisos en su “patio trasero”.

En lugar de lanzar una invasión en forma y para minimizar sus bajas dieron un golpe de mano; secuestraron, en medio de un bombardeo, al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilía Flores.

Optaron por descabezar al gobierno y tomar control del país que, según el magnate, a partir de ahora y por tiempo indefinido, habrán de “dirigir”.

Eufóricos con el espectáculo tecnológico brindado por sus fuerzas armadas -a eso parece reducirse la guerra para Trump- olvidan, él y sus halcones, las muchas veces que victorias fulminantes se volvieron, ya en sus manos, prolongadas y humillantes derrotas para los Estados Unidos.

¿Qué sucederá en Venezuela?

¿Lo mismo que en Irak, que en Afganistán?

¿Y en toda América Latina?

¿Seguirá Trump envalentonado colocando a cualquier costo sus piezas, doblegando a pueblos y gobiernos?

Contra México, su pueblo de ambos lados de la frontera y su presidenta no va a poder.

Como no va a poder contra quienes están por la paz, la justicia y la democracia en el mundo.

En lugar de “hacer grande a América de nuevo” Donald Trump ha conseguido reducirla al estereotipo del poder imperial tiránico; ese poder que, con sus crímenes, no hace más que acelerar su decadencia y su fin.

  • Epigmenio Ibarra
  • Periodista y productor. Fundador de la prodcutora Argos. Corresponsal de guerra entre 1980 y 1990 / Escribe todos los miércoles su columna "Itinerarios"
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