Deseos cumplidos y deseos pendientes

Ciudad de México /

¿Para qué sirve la Utopía? La Utopía sirve para caminar, me respondió hace años Eduardo Galeano.

¿Y el deseo? ¿Qué es? ¿Para qué sirve? El deseo, me respondió al finalizar este 2023 Verónica Velasco cuando hacíamos un recuento de los deseos cumplidos y los pendientes, es lo que alienta y mueve al ser humano, lo que da sentido y dirección a la vida.

Desde el bautizo de fuego que recibimos los estudiantes de mi generación por los rumbos de San Cosme, aquel jueves de Corpus de junio de 1971, comencé a pensar en una Utopía; un México liberado del PRI.

Nació en mí entonces el ardiente deseo de hacerla realidad lo que me movió a sumarme a la lucha en la qué, para lograrlo, se empeñaban muchas y muchos mexicanos.

Años después y como llegué a pensar qué, ese sueño de libertad no habría de hacerse realidad jamás, agarré camino para El Salvador donde se libraba una guerra de liberación.

No tuve, lo confieso, el arrojo y la consecuencia de otras y otros que se quedaron a luchar en México. Casi 12 años después volví a mi patria.

Con el fraude electoral de 1988 el PRI había logrado mantenerse en el poder. Para perpetuarse en él y consumar el saqueo de la nación, Carlos Salinas de Gortari ideó la coartada bipartidista y tendió la mano al PAN.

Cómplices desde entonces ambos partidos sumieron a nuestro país en la oscura noche del neoliberalismo.

Con el engaño de la “alternancia democrática”, Vicente Fox atrajo a una masa de incautos a los que traicionó y luego con Felipe Calderón, quien sentó a su diestra al crimen organizado y desató la masacre, perpetraron ambos el fraude electoral del 2006.

Ni con todo el apoyo de la oligarquía, ni con todos los medios de comunicación a su servicio pudieron, el PRI y el PAN, pese a que le compraron la presidencia a Enrique Peña Nieto, contener el ascenso de un amplio movimiento social que, en el 2018, los expulsó del poder.

Faltan hoy solo 9 meses para que Andrés Manuel López Obrador, el primer presidente que representa a ese movimiento, termine su mandato.

Ni una sola de las profecías apocalípticas, de las obsesiones mórbidas de la derecha conservadora se cumplieron.

No se instauró una dictadura comunista en nuestro país.

La economía no colapsó, el Peso no se hundió, no campeó el desempleo, ni se fueron a la ruina las empresas.

No tardó décadas el Gobierno en vacunar a toda la población, no abandonó a las víctimas de Otis.

No hay en las calles protestas masivas, no hay malestar social, tampoco represión ni censura de ningún tipo.

México es hoy una democracia reconocida y respetada en el mundo capaz de lidiar con dignidad y éxito tanto con Trump como con Biden.

El ardiente deseo de libertad y democracia, el de tener un gobierno austero que actúa movido por el principio de que “por el bien de todos, primero los pobres” y un presidente infatigable que recorre todo el país y que, sin eludir la confrontación, respeta a los otros Poderes del Estado, se ha cumplido a cabalidad.

Como se ha cumplido el deseo ardiente de justicia social, al elevar significativamente los salarios mínimos y al reducir, la brecha de la insultante desigualdad social gracias a los beneficios de los programas sociales que hoy llegan a 30 de los 35 millones de hogares que hay en México.

Pendientes quedan aún muchos deseos; motivos sobran para caminar, para vivir, para luchar. Que la paz es producto de la justicia y no del uso de esa “fuerza” que pregonan las y los mismos que desataron el infierno es algo que jamás debemos olvidar.

Hemos comenzado a conquistar, a construir la Utopía; falta qué, de nuevo en las urnas, se exprese el deseo ardiente y mayoritario de seguir transformando en libertad, pacífica, democrática y radicalmente a México.


  • Epigmenio Ibarra
  • Periodista y productor. Fundador de la prodcutora Argos. Corresponsal de guerra entre 1980 y 1990 / Escribe todos los miércoles su columna "Itinerarios"
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