El honor de estar con Claudia y López Obrador

Ciudad de México /
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Nunca he sido neutral: soy de aquellos que creen que, así como es un deber ineludible para cualquier periodista alzarse frente al poder cuando este es antidemocrático, corrupto, autoritario, dictatorial y represivo, es también un deber igualmente ineludible —y un honor en mi caso; el de estar con Claudia y López Obrador— defender y respaldar a un poder que es producto de la voluntad del pueblo, expresada libre y limpiamente en las urnas y que lucha por la paz, la justicia, la libertad, el bienestar y la prosperidad compartida que nos fueron negadas durante décadas.

Llegué a pensar —debo confesarlo— que moriría con la lápida del viejo régimen a mis espaldas. Sacar al PRI del poder parecía difícil. Vencerlo cuando se convirtió en el PRIAN, imposible. El control casi absoluto de los medios de comunicación que ejercía el régimen neoliberal, el peso de la oligarquía rapaz que lo soportaba y a la que obedecía, el respaldo incondicional que, en pago a su sumisión, le daba Washington, su enorme capacidad de combinar simulación democrática, represión y cooptación y la forma en que, gracias a la corrupción y a la impunidad que eran parte de su naturaleza había logrado enraizarse, hacían plausible suponer que permanecería, gracias a la coartada bipartidista, muchas décadas más en el poder.

Afortunadamente no fue así. La lucha que costó la vida, la libertad, el trabajo, el bienestar de sus familias a decenas de miles de mexicanas y mexicanos rindió finalmente frutos. Abrumadora fue la victoria de Andrés Manuel López Obrador y aplastante —con casi 6 millones de votos más— la de Claudia Sheinbaum Pardo, seis años después. Una insurrección popular pacífica, un cambio de régimen profundo se produjo y un país ensangrentado, con una monstruosa desigualdad social, comenzó a transformarse democrática, radicalmente y en libertad.

No fueron esta vez un puñado de valientes; fueron millones de mexicanas y mexicanos, aún más valientes por alzarse desarmados contra uno de los regímenes más autoritarios, corruptos y longevos de la historia moderna, quienes lograron esta proeza. Es por ellas y ellos, por quienes yo que, como diría Gabriel Celaya, he mirado “de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte”, tomo partido hasta mancharme. 


  • Epigmenio Ibarra
  • Periodista y productor. Fundador de la productora Argos. Corresponsal de guerra entre 1980 y 1990 / Escribe todos los miércoles su columna "Itinerarios"
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