Para destruir defensas y equipos, desmoralizar a la tropa, aterrorizar a la población civil y romper el vínculo entre el poder al que se combate y el pueblo al que se pretende dominar, a una invasión suele antecederla la “preparación artillera”; un bombardeo masivo para facilitar el avance de las fuerzas terrestres.
No escucharemos tronar los cañones en México. Tampoco pisarán de nuevo tropas extranjeras nuestro suelo. El bombardeo al que nos han sometido quienes impulsan una intervención de Estados Unidos en nuestro país es de otra naturaleza; con centenares de miles, con millones de mentiras y calumnias esparcidas en los medios y en las redes pretenden doblegarnos.
Esta tarea de ablandamiento está a cargo de agentes internos sometidos a los designios de una potencia extranjera; de traidores a la patria que militan en la oposición conservadora, de algunos barones del dinero y de quienes monopolizan los espacios más importantes en un sofisticado y complejo aparato mediático.
Quienes estamos por la transformación pacífica y democrática de México los vemos como adversarios. En elecciones libres y auténticas los derrotamos. A que prevalezca en el país, siempre y para todas y todos, un clima de libertad de expresión, de organización, de movilización absoluta nos hemos comprometido. Para liberarnos del yugo luchamos y a nadie habremos de someter. Ninguna revolución —y esta que vivimos es una revolución— ha tenido como la nuestra el coraje de jugarse la vida en las urnas.
A ellos, en cambio, los consume el odio y los rige la lógica de la guerra, nos ven como enemigos y no aspiran a la coexistencia pacífica; pretenden exterminarnos. Como saben que en las urnas no podrán lograrlo se han entregado a Trump y están dispuestos a entregarle a México. Ignorantes y fanáticos como son, aun no han aprendido que por la fuerza no se sepulta al enemigo; se le siembra y que desatado el infierno a todas y todos consume.
Creen que ha llegado su momento y se equivocan. “Están destinados a la derrota” como dice Claudia Sheinbaum Pardo. El pueblo de México —que ama la paz tanto como a su independencia— su Presidenta y el movimiento que la apoya se crecen ante la adversidad, las amenazas en lugar de separarnos nos unen, nuestra historia, nuestros principios y convicciones son nuestras armas. Con la verdad, por la justicia y en defensa de la soberanía luchamos.