No cruzamos la frontera, la frontera nos cruzó

Ciudad de México /

Lo que hoy cantan Los Tigres del Norte: “yo no crucé la frontera, la frontera me cruzó” comenzaron a decirlo en 1848 las y los mexicanos que vivían en los que ahora son los estados de California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México, Texas, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma, cuando el gobierno de Estados Unidos, para convertirse en imperio y cumplir su “destino manifiesto”, nos arrebató la mitad de nuestro territorio.

Después de anexarse Texas, en la que sería su primera incursión armada en América Latina, los estadunidenses lanzaron, de manera simultánea, tres grandes fuerzas militares contra México; la primera avanzó hacia el oeste para conquistar la costa del océano Pacifico, la segunda entró por el norte hasta la Ciudad de México y la tercera, una fuerza anfibia, invadió Veracruz.

De esa guerra —gracias a la cual EU se convirtió en potencia mundial— no se habla en las escuelas, no hay héroes, ni monumentos, ni efemérides oficiales en aquel país. De uno de los mayores atracos en la historia de la humanidad los estadunidenses no tienen memoria, se las borraron. Nosotros, por el contrario, estamos obligados a mantenerla viva.

Allá estábamos entonces, esa era nuestra tierra y ahí estamos ahora, contribuyendo al progreso de esa nación.

No hay en el mundo una masa mayor de migrantes en un solo país receptor que la de las y los mexicanos en EU. Entre los nacidos aquí y sus descendientes nacidos allá, representamos entre 11% y 12% de la población total de nuestro vecino. Por eso en las últimas marchas en Minnesota pudo escucharse a los manifestantes corear en español “el pueblo unido jamás será vencido”.

Ni Donald Trump puede pasar por alto esta realidad histórica, demográfica, cultural y económica.

Pesan las y los mexicanos en EU mucho más de lo que el magnate y los racistas que lo apoyan reconocen, tanto como pesa esa larguísima frontera que puede ser, como decía Carlos Fuentes, herida abierta que nos desangre a ambos países o cicatriz que nos sane, nos una y nos defina.

A Washington fue a proponerle Andrés Manuel López Obrador a Trump volver “bendición” el estar tan “inexorablemente atados”. Eso mismo propone Claudia Sheinbaum Pardo para el bien de ambas naciones y de sus pueblos. La historia, la razón y el derecho la asisten y la inmensa mayoría de quienes vivimos, tanto allá como acá, la respaldamos.


  • Epigmenio Ibarra
  • Periodista y productor. Fundador de la prodcutora Argos. Corresponsal de guerra entre 1980 y 1990 / Escribe todos los miércoles su columna "Itinerarios"
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