¿Qué haría Estados Unidos sin la droga?

Ciudad de México /

Las leyes del mercado —sobre todo en un país como Estados Unidos— son implacables. Mientras siga creciendo la demanda, seguirá creciendo la oferta.

Un hombre de negocios como Donald Trump, que conoce además el apetito insaciable de las y los consumidores estadunidenses y los múltiples y sofisticados mecanismos que los impulsan a serlo, sabe que ni empleando todo el poder militar del que dispone logrará nada contra la droga.

Poco importa que haya designado a los cárteles que operan en América Latina organizaciones narco-terroristas o al fentanilo como “arma de destrucción masiva”.

Si no atiende la imparable adicción a las drogas en su propio territorio como lo que es: un problema de salud pública. Si no combate al crimen organizado estadunidense, a esos capos locales que son los verdaderos dueños del negocio y que mandan sobre los capos latinoamericanos, seguirán muriendo sus jóvenes.

Inútil será la sangre que derrame, la inestabilidad regional y planetaria que provoque, por una u otra vía, como el agua que siempre encuentra su cauce, la droga llegará a los adictos y el dinero que produce continuará enriqueciendo a los grandes capos norteamericanos a los que la policía no persigue, los jueces no procesan, los medios no ven y mucho menos denuncian y cuya existencia no reconocen ni él mismo, ni su gobierno.

Como antes fue el comunismo, hoy para Washington —donde políticos y funcionarios la toleran y consumen— la droga es simple y sencillamente una coartada para su aventura imperial que, una vez cometido el crimen como sucedió luego de la intervención en Venezuela, se desecha.

Wall Street necesita, por otro lado, la droga porque el dinero que produce su venta en las calles de Nueva York, Chicago, Pensilvania, Boston, Oregon o Los Ángeles aporta más a la economía estadunidense que los jóvenes que mueren en esas y otras ciudades.

Imposible, por otro lado, pensar a Hollywood —donde en películas y series capos y sicarios son siempre extranjeros, y casi siempre colombianos o mexicanos— y en general a la industria del entrenamiento sin la droga y la exaltación que del consumo de la misma se hace en y por todos los medios.

¿Qué haría Estados Unidos sin la droga?

¿Sin esa coartada, sin ese dinero que oxigena su economía, sin esa adicción creciente que aletarga a sus jóvenes, sin esa paz social que, a costa de los muertos que nosotros ponemos, produce dentro de sus fronteras?


  • Epigmenio Ibarra
  • Periodista y productor. Fundador de la prodcutora Argos. Corresponsal de guerra entre 1980 y 1990 / Escribe todos los miércoles su columna "Itinerarios"
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