Empezar a vivir

  • Un día a la vez
  • Erika Ramírez Rodríguez

Laguna /
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Vamos por la vida con el piloto automático encendido, atrapados en la rutina de cumplir horarios, pagar cuentas y esquivar el dolor. 

Nos acostumbramos a respirar sin habitar el cuerpo, a existir sin estar presentes. Nos conformamos con sobrevivir. 

Pero la muerte, esa maestra silenciosa a la que tanto tememos, nos susurra una verdad inevitable: se puede estar muerto en vida mucho antes de que el corazón deje de latir. 

Vivir muriendo es el precio de postergarnos, vivir viviendo es el despertar de la conciencia.

¿Para qué estás aquí? Es una pregunta incomoda porque exige despojarse de las máscaras. 

La muerte nos recuerda que el tiempo no es un recurso infinito, sino un préstamo con fecha de caducidad. 

Sólo se tiene una vida, y el duelo más devastador no es despedir a un ser querido, sino llegar al final del camino descubriendo que nunca nos atrevimos a conocernos y a materializar nuestros sueños. 

Descubrir quiénes somos exige perder el miedo, y tener el valor de convertirnos en la persona que realmente queremos ser.

A medida que nos concientizamos de nuestro ser y nos damos el permiso de sentir esa fuerza divina —esa chispa vital que habita en lo profundo—, la perspectiva cambia. Nos damos cuenta de que estamos planeados por lo divino.

En primer instancia el ser humano no se mueve por el placer o el poder, sino por la necesidad de encontrar un para qué que responda ante la finitud y el sufrimiento que no se puede evitar. 

Descubrir un propósito personal, actúa como un ancla interior que no sólo nos rescata de la inercia, sino que nos otorga la libertad de elegir nuestra actitud frente a cualquier adversidad.

Empezar a vivir implica, asumir la responsabilidad de dar respuesta a las preguntas que la vida nos plantea en cada instante. 

Al tomar conciencia de nuestra propia finitud, la vida deja de ser un tiempo que consume, para convertirse en una oportunidad única de vivir.

El propósito es florecer, el dolor y la finitud no están aquí para aplastarnos, sino para recordarnos el valor de cada instante. El momento para despertar es hoy. 

Es hora de mirar de frente a nuestras sombras, honrar su existencia y decir: Basta. 

Deja de sobrevivir y empieza de una vez por todas a vivir.

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