Juego de espejos

La consulta

Federico Berrueto

Ha de perdonar el presidente López Obrador, pero una cosa es la que dice y otra la que hace. No es hipocresía, tampoco desapego patológico a la realidad. Sencillamente, es un método que le dio resultado como opositor. Perseverar es un activo, terquear no y menos desde el poder. La política es permisiva en cuanto a los medios, pero llega el momento de la rendición de cuentas, que generalmente ocurre cuando ya no se está en el poder. Los resultados finalmente son los que cuentan y si el objetivo de López Obrador era mejorar la situación de los pobres, ésta será desastrosa al término de su gobierno.

El Presidente no es un político liberal, tampoco es democrático, sino autoritario. No es tolerante hacia quien piense distinto o le critique, sino lo contrario. No es un reformador, tampoco conservador, es un restaurador de las malas prácticas del México no democrático. Dice no ser de rencores ni de venganza, pero los hechos revelan lo contrario. Afirma sobre su apego a la ley, pero no ha ocurrido así, los casos son reiterados.

La lucha contra la corrupción mueve a la sociedad mexicana, sabedora de que la impunidad es un agravio histórico agravado en el pasado reciente. López Obrador ha dominado el tema y es genuino portador de la lucha contra la venalidad. Su ostensible austeridad le acredita, aunque eso no sea honestidad y menos cuando no es una forma de ser como en Benito Juárez, sino una manera de hacer política. La consulta que promueve el Presidente para enjuiciar a sus antecesores es el vehículo para concitar el apoyo de la sociedad hacia sí y su partido. Si fuera concurrente a la elección intermedia sería en beneficio del Morena.

La consulta es inconstitucional, además, la norma máxima la hace no concurrente con la elección intermedia. El Presidente insiste. Presiona al INE y a la Corte para que las cosas sean a su modo a pesar de la ilegalidad y lo ocioso del expediente desde el punto de vista estrictamente jurídico.

El jurista Diego Valadés, con el fino y riguroso juicio que le es propio, dice que la consulta no tiene viabilidad jurídica. Para iniciar un proceso contra un ex presidente no se requieren millones de firmas, adhesiones de los legisladores y la comprometedora decisión de la Corte para darle cauce; sino simplemente que un ciudadano se apersone y presente la denuncia. Ya la Fiscalía proveerá si los dichos, pruebas y presunciones tienen la fuerza para iniciar el proceso penal.

La consulta, si llegara a prosperar sería innecesaria. Si hubiera delito que perseguir no se requeriría de permiso ni voto para que la Fiscalía actuara y si hay mandato de proceder en contra de ellos por la consulta, la Fiscalía nada podría hacer que no fuera mediante el procedimiento que la ley determina. Estas consideraciones son de una obviedad tal que anticipan que la Corte habría de rechazar la consulta. Tiene razón el jurista Valadés, la cuestión es que el tribunal supremo quedaría muy mal ante la opinión popular, en el juicio de muchos, como una tapadera de los corruptos y no como lo que es y con su fallo, garante de la legalidad, la constitucionalidad y la contención frente al abuso del poder.

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