PAN, PRI, Morena y los demás

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El país ha cambiado significativamente con el sistema de partidos. Los resultados de 2015 así lo consignan. La pluralidad es lo que viene. Se acabaron los tiempos de mayorías dominantes; la única entidad con partido dominante era el Distrito Federal. La debacle del PRD no se trasladó solo hacia Morena, también hacia una mayor presencia del PRI y del PAN. La seducción por los candidatos independientes es otra variable, en este caso, disruptiva del sistema de representación fundado en partidos.

El PAN se ha debilitado, pero no está tocado. En el proceso de designación de dirigente nacional el albiazul muestra vitalidad y fortaleza para mantener vigencia. Su debilidad no deviene del Pacto, de los errores de Gustavo Madero o de las corruptelas de sus asociados, sino de la pérdida de piso ético cuando estuvo en el poder nacional y local. Cualquiera de los dos, Ricardo Anaya o Javier Corral, con modos muy distintos y hasta contradictorios son políticos para este tiempo y circunstancia, y por ello habilitados para llevar al PAN a un mejor momento.

En los tiempos de pluralidad persiste la aspiración de ganar, pero también, ante la adversidad, la de mantenerse como la opción opositora. El desastre electoral del PAN desde 2012 remite a situaciones en las que de partido gobernante terminó en el tercer sitio de las preferencias, lo que da lugar a la descomposición profunda del tejido partidario. Jalisco es un buen ejemplo. Para las elecciones de gobernador de 2016 la oportunidad está en Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Puebla, Sinaloa y Tamaulipas.

El PRI ratifica su naturaleza de un partido para gobernar. Es su fortaleza y debilidad. Lo primero porque el poder le ofrece unidad y disciplina para apuntalar al gobierno frente a cualquier circunstancia. Así se dará el relevo de dirigencia y si hay una buena operación política, así se definirán las candidaturas a gobernador. Es el partido del Presidente y eso, después de mucho tiempo y accidentada historia, no se disputa. Pero también es su debilidad, porque dificulta la representación de la sociedad, especialmente ante los electores que desean el cambio o inconformes con lo existente, que por ahora son los más. Ante las dificultades propias, electoralmente el PRI cada vez es más dependiente del PVEM. En 2015 lo manejaron bien y esto dio en la Cámara la mayoría absoluta en coalición en un entorno electoral claramente adverso.

En 2016, nueve de los 12 estados con elección de gobernador son del PRI, los otros tres ganó una coalición PRD-PAN, pero en Puebla su gobernador Moreno Valle se ha plegado al PAN, y los de Sinaloa y Oaxaca se han mantenido con relativa independencia respecto a los partidos que les promovieron. El PRI es opción de gobierno en las 12 entidades, con mayor incertidumbre en Veracruz, Puebla y Oaxaca. En los dos primeros habrá de elegirse gobernador por dos años.

Morena es el nuevo actor político y con claridad se perfila para superar al PRD, como ya se anticipó en los comicios pasados. En las encuestas de intención de voto de las 12 entidades, en casi todas supera al PRD, con mejores números en Oaxaca y Veracruz. Su vitalidad no es política o programática, sino lo que significa y representa Andrés Manuel López Obrador. AMLO es el proyecto, AMLO no pertenece a Morena, Morena le pertenece. Para eso fue creado y el proceso ha sido exitoso y sus seguidores asumen la situación como deseable, necesaria y útil al proyecto de ganar el poder. Por eso el liderazgo y candidatura presidencial de AMLO son incontrovertibles y es previsible que en el camino continúe ganando adhesiones en la izquierda. Sea dicho de paso, su fortaleza conjura la tentación por una candidatura presidencial independiente ganadora. A pesar de errores, como el de asociar el proyecto con la CNTE en Oaxaca, su consistencia ética, ideológica y política contrasta en su beneficio con lo que son, representan y promueven Jaime Rodríguez o Manuel Clouthier, las figuras más prominentes de candidaturas independientes.

El futuro del PRD es peor que incierto y sí está tocado si no de muerte, sí para ir de derrota en derrota. Requeriría un candidato presidencial fuerte y con prestigio. Preserva en el Senado presencia y gobierna Tabasco, Morelos y próximamente Michoacán. Su presencia política en el DF ha sido afectada y Miguel Ángel Mancera con acierto ha resuelto gobernar sin sujeción a partido alguno y sin comprometer su proyecto personal a una eventual candidatura presidencial.

De los demás partidos, el PVEM y Movimiento Ciudadano son los que mejor han entendido los nuevos términos de la pluralidad y la manera de ganar votos, como se advierte en 2015 y en lo acontecido en Chiapas y Jalisco. Nueva Alianza y PES tienen una base social consistente y serán factor en elecciones locales y coaliciones legislativas.

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  • Federico Berrueto
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