¿Realmente es tan importante el muro?

Ciudad de México /

El muro es importante por consideraciones diferentes a las que mucha gente piensa. Desde luego, es un tema de dignidad, sobre todo cuando el presidente Trump hace alarde de que México será quien pague la barrera. El muro es un error histórico de un país que hizo de la libertad y la democracia bandera; el consenso que le acompaña es del mismo tamaño de la involución que ha tenido la sociedad estadunidense. El miedo ya no es a los totalitarismos, a la Unión Soviética y sus aliados, ahora se dirige al vecino y a los millones de migrantes, documentados e indocumentados, quienes han aportado grandeza y fortaleza a la economía estadunidense. EU ingresa al racismo y a la exclusión por la puerta grande; no hay contención política ni social; más aún, el presidente Trump hasta hoy va ganándole la batalla a la prensa liberal.

El muro tiene un amplio consenso en la sociedad estadunidense. Es un símbolo que se ha vuelto muy poderoso. Es de las pocas cosas que Trump podrá cumplir en el corto plazo sin detenerse en el tema del origen de los recursos para financiarlo. Su presidencia militante requiere ganar esa batalla. México podrá recurrir a instancias internacionales y razonar ante el mundo con buena aceptación la estupidez de su construcción, pero no podrá evitar que inicie la obra.

Por otra parte, el muro no podrá frenar el tránsito ilegal de personas, mercancías y armas. Por cierto, los mexicanos indocumentados están disminuyendo y las proyecciones de corto plazo revelan que en poco tiempo solo 4 de 10 indocumentados en EU serán de origen nacional. El muro plantea problemas ambientales serios, además del elevado costo para EU no tanto material, sino moral. Tampoco el muro obstruirá la creciente interrelación de los dos países y la presencia de México y los mexicanos en el país vecino. El empeño por la exclusión de la mayoría blanca está condenado al fracaso. La inmensa mayoría de los mexicanos tiene condiciones de legalidad y, por la diferente tasa de reproducción, solo es cuestión de tiempo para que los blancos pasen a condición de minoría.

México debe cambiar su perspectiva sobre el muro. Reiterar, como ya lo ha hecho el gobierno, de que no pagará su construcción y que defenderá por todos los medios e instancias posibles el intento de trasladar su costo al país, a los mexicanos, al comercio o a las remesas al país de los migrantes. La mayor tarea de México, no solo del gobierno, es crear las condiciones para que los mexicanos —muchos de ellos de excelencia— no tengan que migrar a otro país en condiciones adversas y vulnerables para lograr las oportunidades de bienestar que México les regatea para ellos y sus familias. En el imaginario del migrante es arrollador el atractivo laboral que representa el país vecino, esto gana terreno en la medida en que la pobreza y la inseguridad se hacen presentes.

Por ello, para ganar la batalla al vecino el mayor esfuerzo debe hacerse al interior del propio país, aunque también en EU, pero lo de allá no es tarea de las autoridades mexicanas, sino de la sociedad, especialmente la estadunidense. Quizá es mucho pedir y sea un extremo de voluntarismo la pretensión de atender el rezago social y la inseguridad en varias regiones del país, pero hay que entender las causas originarias del problema de la migración y que cada cual tome en serio su responsabilidad para contener la pérdida de capital humano. En todo caso, el enojo y la indignación individual o social —ahora muy presente— poco dejan si esto no se manifiesta en resultados concretos.

Aciertan quienes ven en la dificultad y la incertidumbre una oportunidad. El entorno obliga al entendimiento y, ahora sí, asumir que un acuerdo en lo fundamental es crucial para el futuro del país. La disidencia tiene espacio, también las reservas que se originan en el pasado y presente o en la sofisticación intelectual. La cuestión que importa es que México, sus élites y base social converjan en un propósito compartido para atender los problemas que nos debilitan frente a la amenaza externa y que también afectan seriamente los términos de la convivencia y paz social.

Como quiera que sea, el muro es una afrenta, pero no es fundamental. Para México no es un objetivo mayor en la batalla, sí lo es para Trump y lograrlo podrá reafirmarle el apoyo social que le llevó al poder, pero será un tema del mayor descrédito no solo para el gobierno ahora en manos de la derecha radical, sino para el país que permitió que por la vía de los votos ganaran el poder.

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  • Federico Berrueto
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