La amistad se nutre a partir de las diferencias y de las experiencias compartidas: así se construye un relato propio en el que también caben las historias contadas por la abuela, al fin descubiertas por una propia vivencia, o las que provienen de otros mundos, igualmente descubiertas en común. Un par de jóvenes que buscan trascender su amistad construida desde que eran niñas, y un niño de otro mundo que establece un vínculo con una niña como muestras de la empatía y la colaboración para mantener vivo el afecto y trascenderlo más allá de recuerdos e imaginación desbordada.
La isla olvidada: recuerdos salvadores
Realizada por Joel Crawford, cuya esposa es filipina y ya con sólida trayectoria en el mundo de la animación que incluye la dirección de Los Croods 2: una nueva era (2020) y El gato con botas: el último deseo (2022), codirigida por Januel Mercado, también con orígenes de aquella tierra y nuevamente haciendo equipo, La isla olvidada (EU, 2026) es un entrañable película de animación propuesta por Dreamworks centrada en la amistad que busca alternativas argumentales a las siempre vistas y se instala en el contexto del folklor y la mitología del país asiático, recuperando seres y relatos para integrarlos a esta colorida aventura que experimentan dos niñas que van creciendo juntas, hermanadas por sus diferencias en formas de ser: una es arrojada y atrevida, la otra más calculadora y cerebral.
Un mundo aparentemente de fantasía que se aparece, justamente, cuando la despedida de las amigas parecía inminente por el viaje de una de ellas para continuar sus estudios. De pronto, se transportan por una especie de sol -como el de la bandera del país- que se muestra en el mar y se ven en la isla del título que alberga al mundo místico de Nakali, tras pasar varias horas en las que no se acuerdan qué sucedió: ahí aparece una gran ave similar a un sarimanok de la cultura marano y un joven con forma de perro que las conducirá por los lugares que recorrieron previamente, incluyendo la visita a una ambigua criatura con agorafobia que guarda recuerdos, la fiesta con seres arbóreos, el encuentro con una especie de vanidoso sireno y con un grandulón bebé, mientras son acechados por una Manananggal, especie de bruja que puede separar sus piernas de su torso y que en cierto sentido recuerda a la bruja de Kirikou y la hechicera (Ocelot, 1998).
Retomando distintos tipos de animación, incluyendo variantes de anime con todo y sus pausas a punto de explotar, la propuesta visual despliega escenarios sorprendentes como los entornos naturales, las secuencias de la búsqueda de recuerdos y el mercado, por ejemplo, así como el uso de contrastes entre las secuencias de gran luminosidad y las que transcurren con su dosis de penumbra; incluso los vestuarios, los objetos (como el jeep), los interiores y las pulseras llenas de referencias están diseñados con el detalle necesario para contribuir con la creación de atmósferas y contextos. El score de Nathan Matthew David incorpora sonidos de la música tradicional entre apuntes hiphoperos que comparten créditos con algunas canciones ochenteras que siguen siendo reconocibles y ecos de los noventas
Con ecos a El viaje de Chihiro (Miyazaki, 2001), en donde la bruja Yubaba robaba los nombres de quienes trabajaban para ella con la finalidad de mantener el control, acá habrá que recuperar los recuerdos para poder sobrevivir y, en su caso, regresar al mundo donde se pertenece sin olvidar la premisa de intentar ayudar a quienes habitan en esta isla que sólo existía en los relatos de la anciana, como si fuera un mundo de Oz: atreverse a salir al mundo exterior, reconocer el motivo de la furia y asumirse como alguien independiente, capaz de resolver la vida cotidiana por sí mismo.
Regresar al arcoíris
Producida por Natalie Portman con influencia de Miyazaki, Arco (Francia-EU-RU, 2025) es el primer largometraje de Ugo Bienvenu, conocido por sus cortos (L’entretien, 2019; Mamam, 2013) y por la miniserie Ant-Man (2017), en la que se desarrolla una evocativa historia de apoyo y amistad entre un niño y una niña de distintas épocas: Arco viaja del año 2932 al tratar de volar desde su casa que se encontraba sobre una superficie elevada a la época de los dinosaurios, pero termina en el 2075, en donde conoce a Iris, quien lo protege y lo ayuda en sus intentos por regresar a su tiempo dado que su dispositivo se descompuso, entre algunas persecuciones, un trío de conspiranoicos que terminan teniendo la razón y un incendio de largo alcance que pone en peligro la sobrevivencia en un mundo que parece destinado a quedar destruido por el fuego.
Con una animación de orientación manual con ciertos toques digitales, la cinta consigue crear ambientaciones que remiten a futuros que conectan con pasados con todo y robots que parecen cobrar conciencia y padres que se comunican como si fueran hologramas, acentuando la luz y los colores como parte no sólo decorativa, sino de importancia para la trama misma, dadas las referencias al arcoíris. La comprensión de las diferencias y la integración a una misión común, con todo y los problemas de la niña y el niño extraviado en otro mundo, se construye de manera emotiva, gracias a un ingenioso guion que incluye momentos de humor y de ternura por partes iguales: tan variopinta como el arcoíris, su diversidad de tonalidades y su colorida belleza.