Docentes literarios

León /

Una fugaz mirada por algunas novelas en las que las y los profesores son los protagonistas, con todo y sus posibilidades, dificultades y contextos tanto personales como profesionales.

La clase de griego (2011; Random House, 2023), sutil, frágil y silenciosa obra de la coreana Han Kang, premiada con el Nobel en el 2024, aborda el extravío y la soledad a partir de dos personajes: una mujer divorciada que ha quedado muda y que perdió la custodia de su hijo y a su madre, y a un profesor que recién regresó de Alemania, por lo que experimenta un desacomodo cultural, y que va perdiendo la vista, con la consecuente dependencia que ello implicaría. Ella ha decidido tomar clases de una lengua antigua, acaso como válvula de escape, mientras que él, con sus lentes gruesos de montura plateada, trata de apoyar su aprendizaje, quizá sin saber de inicio que también está construyendo un vínculo afectivo a partir de su labor docente cual práctica narrativa. Otro vínculo se establece en la sensible La fórmula preferida del profesor (2003, Tusquets, 2022), en la que la japonesa Yoko Ogawa conjunta a un retirado y solitario maestro de matemáticas que sólo tiene memoria de muy corto plazo, una madre soltera que lo va a cuidar y su hijo, con quien empieza a compartir el gusto por el béisbol y a quien apodó raíz cuadrada: aprendizajes mutuos y experiencias para recordar toda la vida.

En la célebre Botchan (1906; Impedimenta, 2008), palabra que significa niño consentido joven, el nipón Natsume Sōseki retoma algunas experiencias personales como docente de secundaria en Matsuyama y despliega su capacidad irónica y aventurera para desarrollar al conflictivo personaje desde su niñez hasta que forma una familia, pasando por su breve e intensa etapa como profesor, a la que llegó por azares del destino y en donde se enfrentará a los estudiantes, colegas y hasta al subdirector, involucrándose en diversas dificultades y tomando algún bando en los problemas: un clásico sobre la moralidad y las transformaciones culturales. El gran autor de Leicester, Julian Barnes, contribuyó con Elizabeth Finch (2022; Anagrama, 2023), narrada por un hombre desencantado que de lo poco que valora en la vida es a su maestra de antaño, con la que siguió conviviendo eventualmente y que le da título a este libro que integra ensayo, relato y biografía: se trata de una mujer con cierto halo misterioso y elegante, de prácticas metódicas y contundentes que impartía la clase de Cultura y Civilización, en la que promovía el desarrollo de ideas propias y el pensamiento crítico, alejado de imposiciones dogmáticas, y ensalzaba a Juliano el Apóstata, último emperador antes de que el imperio romano se volviera monoteísta, un error según ella: una de las grandes profesoras literarias.

Un maestro con cargo de conciencia por haber sido testigo de un asesinato en plena Navidad y no denunciarlo. En La noche del profesor Andersen (1996; Nórdica, 2023), el noruego Dag Solstad se pregunta, con cierto apuntes cargados de ironía, qué nos mueve a inmovilizarnos, valga la contradicción, y tratar de seguir con nuestra vida, en este caso, con las clases de literatura con Ibsen como referente y tratando de mantener un vínculo con sus estudiantes, mientras su calidad secreta de testigo sigue presente en su cabeza. El vuelo de la cometa (2021; Salamandra, 2023) presenta a Léna, una profesora francesa que viaja a Chennai, India, tras vivir una tragedia personal, donde se encuentra con la silenciosa Lalita, una niña huérfana que tiene que trabajar y nunca ha ido a la escuela, y con Preeti, una joven que lidera una brigada que lucha por el bien de las mujeres. La también cineasta francesa Laetitia Colombani elude el esquema del salvador blanco y despliega un emotivo relato sobre la importancia de la escolarización y la búsqueda de un nuevo sentido vital a partir de la ayuda hacia los demás y de permitir que otras personas contribuyan con uno mismo, creando redes de soporte en un contexto de fuertes tradiciones.

En El lugar (1983; Tusquets, 2020), la brillante francesa Annie Ernaux, Nobel 2022 y que ha creado literatura a partir de su vida, cuenta el significado de aprobar el examen para ser profesora de secundaria en relación con su padre, de origen obrero y ahora propietario de un comercio: entre el orgullo y cierto rechazo, se atraviesan condiciones de clase y la posibilidad de la movilidad social y cultural, así como las implicaciones de ser una profesora a finales de los sesentas. En la abarcativa Historia de una maestra (Anagrama, 1990) de la española Josefina R. Aldecoa, la protagonista Gabriela nos relata, a partir de una revisión memorística, sus vivencias personales como esposa de un maestro y madre, y las relacionadas con su vocación docente en ambientes rurales en Castilla y León, incluyendo alguna experiencia en Guinea Ecuatorial, desde los veintes del siglo pasado hasta el inicio de la Guerra Civil, pasando por la revolución de Octubre. Junto a ella, orientada a la promoción de conocimiento que doblegue a la ignorancia y la formación de valores relacionados con la igualdad, está la profesora Inés, de carácter más político y confrontativo, justo en tiempos donde las ideas totalitarias buscaban anidarse en las comunidades empobrecidas: queda explícita la importancia de las y los docentes en la construcción de una sociedad más justa.

En plan autobiográfico, el estadounidense-irlandés Frank McCourt nos invitó a conocer todas sus vivencias como docente con adolescentes en escuelas públicas de Nueva York durante treinta años, empezando a finales de los cincuenta, a través de su texto El profesor (2005; Norma / Verticales de bolsillo, 2008), en el que desdobla sus caídas y levantadas en el salón de clase desde una mirada autocrítica y reparadora: toda una radiografía de la profesión que consigue introducirnos en los salones y formar parte de los grupos de estudiantes. También con enfoque biográfico, Mitch Albom narra los encuentros con su admirado mentor y sociólogo Morrie Schwartz, ahora padeciendo ELA, en Martes con mi viejo profesor (Random House, 1997), dejando constancia del fuerte vínculo maestro-alumno y reflexiones diversas sobre la muerte, la enfermedad, la importancia de la comunidad y la cultura.

Creado por Philip Roth, David Kepesh es un catedrático de literatura que lidia con problemas extra clase en los que se involucraba el sexo con estudiantes atrevidas, las diversas inseguridades acumuladas y las dificultades para expresar y entender las propias emociones y sentimientos. Apareció en la kafkiana El pecho (1972; Mondadori, 2006), convertido en un gigante seno femenino de 70 kilos; en El profesor del deseo (1977; Grijalbo, 1978), donde se narra su crianza en un hotel, la etapa de estudiante y su labor como docente, mezclando sus propias frustraciones y obsesiones sexuales con las de los textos estudiados, y en El animal moribundo (2001; Alfaguara, 2002), ya entrado en años y vuelto conocido crítico cultural, que se vincula con una joven y entra en crisis, una vez más. El gran autor de Newark ideó a Coleman Silk, otro profesor, ahora decano de la ficticia Universidad de Atenas, en La mancha humana (2000; Random House, 2001), detallando su injusto despido por un supuesto comentario racista, con todas las consecuencias del caso y anticipando la cultura de la cancelación.


  • Fernando Cuevas
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