Sonido & visión

Muñeco derretido

Fernando Cuevas

Comentaba en la entrega anterior una muy disfrutable película del género detectivesco: he aquí la contraparte. La suma de talentos individuales no asegura la llegada a buen puerto, más cuando las condiciones no son favorables y los imponderables hacen mella en la producción. Sucede en el cine: véase el caso de El hombre de nieve (RU-EUChina- Rusia-Suecia-Japón, 2017), filme basado en la novela homónima de Jo Nesbø, séptima sobre el atormentado detective noruego Harry Hole, aquí enfrentándose, además de sus habituales demonios internos, a un asesino serial que aparece junto a las nevadas para cometer sus crímenes, dirigidos principalmente hacia mujeres con hijos y problemas matrimoniales.

Si la novela consigue desarrollar a los personajes y situaciones de enredo propias del género, denotando potencial para ser llevada a la pantalla, su contraparte fílmica navega con muchos problemas para construir una narrativa que alcance a amarrar todos los hilos, integrar las subtramas y consolidar los episodios centrales, sobre todo el del clímax y los relacionados con los caracteres secundarios. Quedan las atmósferas de gélida y tensa belleza, entre parajes de contrastante blancura, locaciones urbanas rodeadas de inquietante neblina y contados momentos de tensión.

Conforme transcurre la película, salta a la vista que algo sucedió en el proceso de producción: Scorsese iba a dirigir pero tuvo que dejar la silla, quedando como productor ejecutivo; le entró al quite un poco tarde, el competente Tomas Alfredson, mientras que en la edición se mantuvo la brillante especialista Thelma Schoonmaker, el guion corrió a cargo de tres buenos escritores y el elenco, encabezado po Michael Fassbender como el detective en eterna crisis, se veía sólido. Según algunos medios, varias escenas escritas ya no pudieron ser filmadas y, al parecer, se tuvieron que hacer malabares para poder armar un producto medianamente coherente.

A pesar de los esfuerzos, los huecos narrativos se van haciendo evidentes conforme avanza la historia y varios de los personajes no terminan por integrarse, ya no se diga desarrollarse, y algunos desaparecen o pudieron evitarse, como si se hubiera forzado a los realizadores a entregar un producto con duración máxima de dos horas. Pareciera que algunas situaciones quedaron mutiladas, dejando al espectador al margen sin entrar al delgado y peligroso hielo de la trama, cuya secuencia inicial prometía más de lo que acabó entregando.

Se trata, en síntesis, de uno de los desperdicios más lamentables de los últimos años en materia fílmica, sobre todo si comparamos el potencial del material literario y el alto perfil de todos los participantes en el proyecto, con los resultados alcanzados: de manera inevitable, las expectativas eran muy elevadas dado el personal involucrado (un posible dream team) y queda una sensación al término que ronda la decepción: solo un muñeco de nieve derretido, apenas visible por la bufanda y reconocible por los granos de café tirados a su alrededor.

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