Mutek 2026: nocturnos infinitos

León /
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En su vigésimo segunda edición en nuestro país, este fascinante festival alrededor de propuestas sonoras y visuales asentadas en lógicas digitales, se presenta este fin de semana para abrirse paso por escenarios de aventura sonante y visual que apunta hacia la experimentación y el descubrimiento de la nocturnidad como contexto luminoso.

La fuente de la devoción

Nacida como Lyra Pramuk (1990) empezó a cantar en los coros eclesiales y presentaciones teatrales en su natal Pensilvania; de ahí se fue a estudiar a Rochester, Nueva York, para asentarse en Berlín en el 2013, donde trabajó con personas del medio como la compositora Holly Herndon y varios artistas más, algunos pertenecientes a la escena techno de la capital teutona. Se redefinió como mujer trans, decisión que ha influido en la forma de expresarse desde un enfoque propuesto en sus vocalizaciones. En el 2026 se renombró como Alif HIlal, nombre que adoptó retomando la primera letra del alfabeto árabe y el significado de la luna creciente, justo para expresar su conversión al islamismo y el rumbo de su camino espiritual, como ella misma lo explicó.

Como buscando orígenes propios, debutó con el inmersivo Fountain (2020), del cual brotan vocalizaciones que forman una base sonora a partir de la repetición, cual insistente eco, para que algunas de ellas se desprendan y busquen caminos propios, acompañadas por una instrumentación sintética y un aliento místico que busca conexiones en busca de la nueva luna o incluso frente al espejo para reconocer al forastero y, de paso, la propia cuna. De ahí confluimos con Delta (2021), aportando otros ángulos a las piezas de su predecesor y algunas otras, a través de imaginativos remixes en los que participaron Ben Frost, Valgeir Sigurðsson y Kara-Lis Coverdale, entre otras artistas como la italiana Caterina Barbieri, con quien se coludió para producir el EP Knot of Spirit (2021), integrado por una inquietante pieza de diez minutos que, de acuerdo con la artista italiana, representa un estado metafísico de enigma y tensión no resuelta.

Volvió al estudio para entregar el devocional Hymnal (2025), viaje por parajes carmesí y umbríos que nos lleva de vuelta al mundo natural, entre oráculos con esas conformaciones vocales de modulación y rango diverso que se imbrican sobre instrumentaciones aromatizadas con incienso, entre los lances del cuarteto de cuerdas Sonar Quartett y teclados con tratamientos digitales, a sabiendas de que el tiempo es prestado; Babel, meridiano, gravedad, final, tragar, consuelo. Hymnal (Resung) (2026) retoma seis piezas de su antecesor para darle un nuevo enfoque con todo e invitados, entre quienes se encuentra Laurel Halo.

Cartel Mutek


Electrónicas y visualizaciones

Dasha Rush es una ciudadana del mundo, condición que ha influido en su propuesta sonora: nació en Rusia, en donde inició su aventura artística como productora y DJ, para después mudarse a Francia en 1996, adquiriendo la nacionalidad gala, y de ahí asentarse en Berlín en el 2008, sin dejar de dar vueltas por todas partes. Sus apuestas audiovisuales se vinculan con el ámbito científico, tal como se puede advertir en Antarctic Takt (2014), Dark Heart of Space (2015) y Aurora Cerebralis (2019). Con el álbum Sleepstep (2015), planteó un entramado auditivo a lo largo de 16 cortes que se instala, a través de diversas estrategias de instrumentación digital, en ese extraño paraje en el que conviven el sueño y la vigilia, tranquilizante y amenazante por partes iguales, en el que incluso se puede bailar con Edgar Allan Poe.

En la puesta en escena Les Territoires Éphémères (2018) integró apuntes del butoh japonés con elementos teatrales y poéticos, a partir de una propuesta audiovisual que nos coloca en una ámbito de lo inmediato que se transforma constantemente sin que nos percatemos del todo. Junto con Alex Bau y AnD, participó en An Intermediary Plane of Existence (2018) con un enfoque que va del techno al dub para dejarnos, efectivamente, en un estado límbico para poder definir hacia dónde avanzar, entroncando con el álbum Contemplating (2023), en clave más ambient en donde se deslizan vocalizaciones y atmósferas cósmicas hasta que se escuchan las trompetas de Andrómeda. Ash & Dub (2026) nos regresa al techno como base para trasladarnos del amanecer a la oscuridad de una noche profunda para entender, finalmente, cuál es el asunto.

Por su parte, Christelle Oyiri es una artista interdisciplinaria asentada en París que también le hace al periodismo y a la producción, además de ser una connotada DJ que ha puesto a bailar a quien se deje en diversos escenarios europeos (https://leguesswho.com/lineup/crystallmess). Ya conocida como Crystallmess publicó el sencillo Mere Noises (2018), conformado por tres cortes entre los que se encuentra la declaración de amor por el baile, explicitando que no porque se trate de un funeral, hay que dejar el rave. Con Nadsat, grabó Issa Revenge (2020), sencillo de aliento percusivo que parece no detenerse en las distintas mutaciones que experimenta conforme se desliza por la pista.

En tanto, la artista multimedia londinense, Angelica Vladimidora, ha presentado diversas instalaciones visuales, algunas de ellas interactivas, en las que ha explorados diversas dualidades que invaden la vida misma, tal como se advierte en Icarus (2023), Echoes (2024) y el díptico Absence Absence y Other Absences (2026), entre otros. Erik Hanson, en tanto, productor y compositor también de la capital inglesa, ha enfocado su trabajo en la vinculación entre sonidos análogos y digitales para entretejer texturas que remiten a espacios y tiempos complementarios.

Ambos firman como Amiangelika & 1100 para presentar BLCK SUN (2025), contrastante recorrido por los laberintos de la psiqué que atraviesa por parajes oscuros, justo para empezar a encontrar cierta luz entre los restos de la memoria, entre momentos de ira y redención, secuencias oníricas y externalidades en espera de ser comprendidas, al tiempo de posarse frente a ese núcleo de oscuridad del que surgen radiaciones que anuncian el fin del día. La interacción entre la música y las imágenes, en una mutación constante pero enclavadas dentro del mismo concepto, terminan por provocar que miremos y escuchemos hacia nuestro propio interior, buscando ese sol que pretende despertar (https://amiangelika.com/blck-sun/).

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  • Fernando Cuevas
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