Norteamérica 2026: día cero

Ciudad de México /

Regresa el evento deportivo capaz de ponerle cierta pausa al mundo cada cuatro años y darle un cierto respiro. Y vaya que hace falta. La espectacular final del Mundial de Catar en 2022 fue vista por 1120 millones de personas y la audiencia en general fue de 3500 millones de espectadores, aproximadamente, mostrando el alcance global que tiene este deporte, como ningún otro en el planeta. En tanto, la situación geopolítica atraviesa momentos de crisis ante la invasión rusa a Ucrania, la desproporcionada escalada israelí en Palestina, el ataque del gobierno de Estados Unidos a Irán, la guerra interna en Sudán y otros conflictos de países africanos, así como tensiones diversas entre vecinos distantes (diría Alan Riding) y al interior de varios países, incluyendo al menos dos de los anfitriones.

Con dos discutibles cambios principales, el Mundial de Norteamérica 2026 inicia el 11 de junio: por un lado, es la primera vez que se jugará en tres países y cuatro husos horarios -había sido compartido por Corea y Japón en el 2002- y se estrena la modalidad de jugarse con 48 selecciones en su fase final, sabiendo que las eliminatorias alrededor del orbe se consideran como parte del certamen. El primer cambio puede resultar problemático no sólo porque sean 3 los países involucrados, sino por las grandes distancias que tendrán que recorrer algunos de los equipos; el segundo amplía la fiesta pero disminuye la calidad y atención en todos los partidos, considerando que al Mundial de Uruguay 1930 fueron 13 equipos; 16 a partir de Italia 1934; 24 desde España 1982 y 32 en Francia 1998: un fuerte incremento para este 2026.

Y el fútbol, en cuanto a fiesta popular, ha tenido también sus embates. La voracidad de quienes sólo buscan el negocio, ha provocado que el costo de los boletos se elevara al cielo, quedando fuera del alcance de la mayor parte de la población que suele asistir a los estadios, incluso en partidos internacionales, como parte del disfrute de su tiempo libre; además, todos los servicios adyacentes como hospedaje, transporte, consumo de alimentos y bebidas, más lo que se acumule, experimentaron fuertes subidas de precio, llegando al absurdo. Por si no fuera suficiente, los derechos de transmisión para ver todos los partidos obligan a contratar un servicio de paga -situación que ya estaba presente con anterioridad- y sólo se podrán ver por televisión abierta algunos de ellos.

Y para rematar, la región norteamericana no vive los mejores momentos en su relación vecinal: el gobierno de Estados Unidos y sus caprichosas decisiones, han tensado los vínculos económicos, sociales y políticos, además de que han presentado comportamientos inaceptables con algunas selecciones participantes, entre revisiones exhaustivas, solicitudes de permanencia sólo mientras se juega el partido a la selección de Irán y el abuso hacia el árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, quien se podría haber convertido en el primero de su país en participar en una gesta mundialista, al que se le prohibió la entrada y fue deportado tras un trato inadmisible. Mientras tanto, la FIFA se lavó las manos y en su afán mercadotécnico sólo parece fijarse en la caja registradora, sin importarle estas injusticias y sin temor a los desfiguros (ese premio de la paz). Con todo, el fútbol prevalecerá.

Entrando en materia estrictamente futbolera, los países que participan por primera vez son Cabo Verde, Curazao, Jordania y Uzbekistán, que aprovecharon bien la ampliación de selecciones para presentarse en el torneo: estar aquí ya es un triunfo. Otros países regresan después de más de medio siglo, como el caso de la República Democrática del Congo y Haití, quien eliminó a México, dicho sea de paso el doloroso recuerdo; ambos participaron en Alemania 1974. Después de estar justamente en México 1986, Irak se hace presente una vez más tras 40 años de ausencia. 28 años, vuelven a la justa Escocia, Noruega y Austria, participantes justo en Estados Unidos 1994, mientras que Paraguay y Sudáfrica vuelven tras 16 años, cuando el segundo fue anfitrión. Finalmente, Argelia y Nueva Zelanda están de regreso una vez que participaron en Brasil 2014.

Hay grandes ausentes. A Italia, cuatro veces campeón del mundo, ya se le hizo costumbre: es la tercera ocasión seguida que no se presenta en el torneo, ahondando una extraña crisis de su selección, eliminada en fase de grupos, además, en Brasil 2014. Carencia de nuevas figuras, constantes cambios de entrenador, escaso compromiso manifiesto en portar la playera, crisis estructurales en los clubes y fallas en el trabajo con fuerzas básicas, sumadas a la falta de oportunidades por el exceso de extranjeros, algunas de las causas de esta debacle. Otro caso es Chile, bicampeón de América en el 2015 y el 2016, que acumula también tres ausencias mundialistas en las que no ha logrado restablecer esa generación dorada que tantas alegrías le dio a su afición.

Selecciones africanas que se habían vuelto habituales en la fiesta, ahora quedaron fuera: es el caso de Camerún y Nigeria, grandes animadores con algunas participaciones que terminaron siendo gratas sorpresas. Rusia por castigo (que para el caso no debería ser el único), Dinamarca, Hungría, Irlanda, Polonia y Serbia, que se quedaron cortos, en algunos casos de forma dramática. Y de la región de CONCACAF, llama la atención la falta de Costa Rica, una de las naciones más consistentes del área que también entró en fase de crisis. Se extrañarán a jugadores estelares que no podrán jugar por lesión (esos calendarios eternos), porque sus países no clasificaron o bien por decisiones del técnico que en principio no parecen justificables.

Habrá sorpresas, decepciones, revelaciones y confirmaciones. Lo más probable es que el campeón sea una selección que ya tenga al menos un título previo, si bien Portugal levanta la mano con su enorme potencial para tratar de convertirse en monarca inédito. 1270 días de espera para sumergirnos en una realidad paralela y absorbente que suspende cauces cotidianos por la que discurrirán 104 partidos en los que veremos un poco de todo, justo para recuperar la infancia, como decía Javier Marías, no semanalmente, sino durante 39 días consecutivos.


  • Fernando Cuevas
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