Norteamérica 2026: día treinta y nueve, la final

Ciudad de México /
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En el Metlife de Nueva Jersey, el juego decisivo empezó como se esperaba: España buscando la posesión y Argentina esperando sin mucho apuro, mientras que los nervios se iban poniendo en su sitio. Pronto los sudamericanos empezaron a buscar jugadas un poco más prolongadas. De pronto, un bienvenido caos alrededor de los cinco minutos con un par de llegadas españolas y una salida en emergencia de Simón ante la acometida de Messi. Se veían un poco descolocados los argentinos ante la movilidad de los ibéricos que empezó a dominar el partido y presionar al frente, si bien los pamperos empezaron a recurrir al alargue del campo, al salto de líneas y al adormecimiento de la pelota para buscar oxigenarse hasta la llegada de la pausa de hidratación.

De regreso al campo, la tónica de las acciones se mantuvo en lo general, con la Furia tratando de ya no sólo tener la pelota sino procurar más la profundidad de juego, en tanto que los campeones apostaban a su técnica individual para resolver algunas situaciones y en otras recurriendo a la lucha cuerpo a cuerpo y a incomodar al rival; no tenía mayor conexión el cuadro albiceleste y perdía la pelota cada vez más rápido, incluso en zona relativamente comprometida en tres cuartos de cancha propia. Disparos de Oyarzabal y Cucurella, el primero controlado por Martínez y el segundo desviado, fueron los avisos sobre la puerta albiceleste, en tanto que las relativamente cercanas de su parte, un par si acaso, eran resueltas por las salidas oportunas de Simón, en plan de líbero. El amonestado Lisandro Paredes tuvo que salir por lesión y Otamendi ocupó su sitio como colofón de la primera parte.

La segunda mitad arrancó con algún titubeo en la zona baja de los argentinos sacada al final por Tagliafico, el mejor de los pamperos al momento, ya con Paredes en el campo en lugar de González, ganándose la amarilla de inmediato y mostrándose violento incluso después del silbatazo final. Empezó a presentirse que los españoles podrían romper el cero con un par de jugadas punzantes que no terminaron en el arco: una buena combinación que sacó el Otamendi en emergencia y una colada de Olmo que no encontró respuesta en el área para finiquitar la avanzada. La presión era incremental por parte de los europeos y la pausa de rehidratación apareció como un pequeño oasis para que los sudamericanos tomaran un respiro, dado el agobio del que estaban siendo objeto y que, en cierto sentido, esperaban dado el planteamiento excesivamente cuidadoso de Scaloni, quizá respetando de más al rival.

A falta de poco menos de media hora, Pedri y Ferrán entraron al campo y continuaron con el mismo dinamismo pero al mismo tiempo abriendo otras posibilidades, que pronto se manifestaron con un cabezazo del segundo que fue a las manos del Dibu, deteniendo todos los embates a los que les faltaba mejor colocación. Simeone, luchón incansable, y Medina por lesión del Cuti, entraron al campo para tratar de emparejar una cancha que ya estaba demasiado inclinada en favor de los de rojo, si bien no terminaban de concretar el amplio dominio que estaban ejerciendo. Merino y Williams ingresaron al campo a falta de un cuarto de hora, mientras que Cubarsí probaba a Martínez desde media distancia, al igual que Laporte con la cabeza. Vendría la segunda amarilla para Enzo, de pésimo partido, y los argentinos se quedaban con uno menos, ya de por sí completamente dominados en igualdad numérica. Con todo, resistieron para mandar el compromiso a los tiempos extra.

La tuvo Williams de cabeza a servicio elegante de Pedri pero no alcanzó a desviar lo suficiente con la cabeza y el Dibu se quedó con la pelota; la dinámica se convirtió, prácticamente, en ver a qué hora caería el gol o ver si los sudamericanos lograban llevar el partido a la tanda de penales, para estar en igualdad de posibilidades. Un tanto del propio Nico fue anulado por Vincic, de trabajo rescatable, por una falta previa que se había marcado y que en la repetición no se apreció. Merino la tuvo de cabeza pero no logró conectar al arco, todavía en el primer episodio. Pero como sucediera frente a Países Bajos en su título anterior, el merecido premio llegó en los tiempos complementarios: al inicio del segundo medio extra, un centro pasado de Porro, tocado por Williams y rematado por Ferrán al 106’ con disparo fulminante, mostrando la funcionalidad de los cambios. El gol estalló en el campo y la tribuna y, si bien los argentinos no se rindieron y empujaron para crear un par de opciones, sobre todo un disparo en el área que tuvo Simeone pero la echó por arriba, el marcador permaneció inamovible para darle su segundo título a España, ganado con paciencia, merecimiento, talento y disposición táctica.

No puedes pretender ser campeón sin tirar una sola vez al arco, sólo apostando a llegar a los penales, menos contra un equipo como España que lo más probable, tarde o temprano, te va anotar. Scaloni apostó a ello, los jugadores asumieron y esta vez no le salió: el equipo tenía para más al frente con esos dos delanteros brutales pero incluso terminó muy chato en ataque cuando intentó ir por la igualada, justo cuando vivió sus mejores minutos, aunque tarde y ya sin la fuerza necesaria para aspirar a la igualada. Un partido decepcionante de una gran selección, altamente competitiva que vuelve a estar en los primeros planos y que ahora, presumiblemente, tendrá que saber gestionar las transiciones generacionales y seguir adelante sin el más grande jugador del siglo XXI que, en cierto sentido, contribuyó justamente con su enorme ejemplo a formar a quienes hoy les tocó vestir la camiseta rival. Tienen un gran cuerpo técnico para poder cumplir con la misión en lo sucesivo.

A pesar de que se trató de un Mundial con grandes individualidades, sobre todo en la portería y en zona de definición, al final el campeón fue el que mejor gestionó la noción de equipo, incluso sin que sus prometedoras estrellas fueran decisivas. Con un armado muy sólido desde el cuadro bajo -sólo le hicieron un gol-, una media controladora con gran flexibilidad para ir y venir en el campo y jugadores resolutivos al frente, España mereció ganar todos sus partidos (empató dos en el tiempo regular) y en todo momento fue el equipo que propuso el fútbol y que condicionó a todos los rivales a jugar de acuerdo con sus designios. De la Fuente consiguió establecer una base, ajustar en el camino y consolidar rápidamente un once titular cuyos cambios en general sólo potenciaban al equipo en función de las condiciones del partido en cuestión. La segunda estrella para los españoles es justo premio al mejor equipo del certamen.


  • Fernando Cuevas
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