Se jugaron los dos partidos de cuartos faltantes y en ambos casos se tuvo que recurrir a los tiempos complementarios para determinar al ganador, después de sendos empates a un gol en los 90’ minutos reglamentarios (más las prolongadas compensaciones). Choques equilibrados, de dominio alterno, pasajes de angustia que convivían con otros de calma pasmosa y al final, ganan los esperados.
Hey Jude O El Rugido De Los Tres Leones
En el campo de Miami, la selección de Inglaterra, en uniforme blanco, asumió la iniciativa del partido y tuvo la pelota prácticamente los primeros veinte minutos pero con escasa profundidad, mientras que Noruega, de playera roja, se paraba de manera muy defensiva y conservadora: de inicio, uno peloteaba con absoluta calma y el otro esperaba sin parecer tener el menor problema de no tener el esférico. Después de la pausa, los nórdicos parecían despertar, primero con mayor presión que provocó cierta desazón en la defensa británica. Una jugada riesgosa en el área inglesa por una pérdida de pelota que resolvió con salida puntual el arquero. Schjelderup tomó la pelota con escaso ángulo y lanzó un soberbio disparo que se incrustó en la puerta al 36’, dándole la ventaja a los Vikingos, que pudieron anotar el segundo en una descolgada con mayoría de hombres pero Sorloth, quien había soltado disparo cercano en la jugada previa, no soltó el pase a tiempo a un desmarcado Haaland y la opción se diluyó.
Había desconcierto inglés que, desde los titubeos en la salida, vivía sus momentos más complicados, tras haber dominado pasivamente gran parte del tiempo. Era momento de las figuras, claro: en un despeje del arquero Nyland -que después se vio que pegó contra un cable y le restó velocidad- la tomó Anderson, sirvió para Gordon y éste puso pase preciso a la entrada de Bellingham quien, con un sentido claro del peligro, anotó el gol de la igualada hacia el final de la primera parte, en la que todavía Kane mandó disparo desde fuera del área y posteriormente anotó un gol pero se encontraba en posición fuera de juego. Tras media hora con una desesperante calma, el partido explotó en los veinte minutos restantes con un desafío de alternativas.
La segunda mitad arrancó con esquemas parecidos entre sí, buscando tener más la pelota y en la que los escandinavos salieron más hacia el frente para tener presencia en todo el campo. De hecho fueron quienes tuvieron las opciones más claras, incluyendo un remate de Haaland ante un dubitativo Pickford, una serie de tiros de esquina con sensación de peligro, incluyendo un gol anulado por previo empujón del famoso atacante del Manchester United, hoy un poco ausente en el partido y, posteriormente, una pelota que alcanzó el travesaño, previo mal despeje del inseguro arquero inglés. Fue hasta el 79’ cuando el equipo de la Rosa generó una de relativo peligro, pero seguían siendo mejores los noruegos. Una colada de Saka cuyo servicio sacó en emergencia Aursnes hacia el final, que había entrado de cambio. Equilibró al final el equipo isleño pero el empate prevaleció.
En el tiempo extra, ya con el cansancio y la humedad apoderándose de los jugadores, empezó a presionar el equipo inglés y, como sucediera con el arquero belga un día anterior, Nyland trató de atrapar el disparo de Rogers pero terminó dando rebote que ese hábil cazador de pelotas conocido como Bellingham no iba a dejar pasar: se avivó y terminó empujando el balón a las redes para decretar la voltereta en el marcador al 93’, con todavía minutos para que los noruegos intentaran emparejar, a pesar del fuerte desgaste físico del encuentro. Vino un penal señalado por el árbitro en favor de los ahora de blanco pero se retractó tras ser llamado por el VAR, mientras que los de rojo lo seguían intentando aunque ya sin el vigor suficiente: algún disparo de Nusa y otro de Berg pero era complicado ya remar contra la corriente. Se despidió Noruega tras un gran torneo y ser de los principales animadores, dentro y fuera de la cancha: un equipo prometedor que ahora rema de regreso pero que habrá seguir en los años venideros.
Primero Hay Que Saber Sufrir
El conjunto de Suiza mandó el mensaje inicial de que no iba sólo a esperar, sino que podría adelantar líneas cuando tuviera la pelota, misma que buscaría; por su parte, Argentina empezó a tratar de ponerle hielo al ímpetu del rival. Con el Arrowhead como aguerrido escenario, los sudamericanos estaban a la expectativa hasta que la agarró el 10 y en el segundo tiro de esquina consecutivo, la puso precisa para el movimiento de Mac Allister, quien conectó de cabeza para el primero del partido, aprovechando la debilidad suiza en pelota parada. Vendría poco después un disparo de Sow que probó a Martínez, quien en otra jugada tuvo que cortar la pelota cuando Embolo amenazaba con llegar puntual a la cita. El gol tempranero afectó en general al desarrollo del juego: los suizos se descontrolaron y les costó mucho trabajo ajustar sus tiempos y movimientos, mientras que los argentinos parecieron conformarse, cuidar la ventaja -con la mirada puesta en sus anteriores compromisos- y tratar de tener posesión para evitar el riesgo.
En la segunda parte, los suizos salieron con la misma idea que al inicio del partido, pero los argentinos empezaron a tener más posesión y asentarse en el campo de juego al inicio, proponiendo al frente y controlando los intentos de los helvéticos, a quienes les faltaba mayor precisión en los penúltimos toques. No obstante, los de rojo empezaron a crecer en el área rival gracias a ciertos ajustes que no parecieron advertir a tiempo los pamperos. Un remate a falta de media hora para el tiempo cumplido por parte de los europeos pareció despertar su ataque, que fue incremental en los minutos siguientes con una colada por la banda izquierda rechazada por la defensa, con un cabezazo y un disparo desde fuera del área, ambos intentos controlados por el Dibu.
La presión dio frutos: tejieron una jugada de fina relojería por la izquierda iniciada por Xhaka, de gran partido, continuada por Rodriguez y culminada con precisión por Ndoye al 67’ para igualar, con justicia, los cartones. La albiceleste estaba golpeada, los cambios se retrasaban y los helvéticos tenían el control del momento, pero vino un intento de engaño por parte de Embolo, que ya estaba amonestado, y terminó por irse del campo dada una falta de concentración inverosímil y en la que se aplicó la nueva regla, beneficiosa para el fútbol, en la que el VAR puede intervenir para advertir el fingimiento de faltas. A partir de ahí, los europeos se reacomodaron mientras que los sudamericanos apostaron a ir al frente pero sin mayor imaginación, más allá de una defensa salvadora en el intento de remate de Mac Allister, un disparo de Messi, en su partido más discreto del torneo, y una desviada notable de Kobel; en tanto la estructura de 5-3-1 estaba dando resultados para aguantar, cambios incluidos para refrescar a la resistencia.
Los tiempos extra terminaron por ser inevitables y la estrategia suiza siguió siendo la de la contención pero cuando lograban aproximarse a la meta contraria, terminaban las jugadas con disparos de media o larga distancia, apostando a no ser sorprendidos en una recuperación de pelota. No había claridad argentina a pesar del ya evidente dominio, salvo un par de ocasiones en disparo de Almada o alguna incursión por esa banda; ya en la segunda mitad de la prórroga, antecedido por un disparo de Messi que rechazó bien el arquero, apareció un muy luchón y sacrificado Julián y, tras recibir servicio de López, soltó un disparo desde el pico del área con gran comba que se anidó en el vértice de la puerta suiza, regalándonos uno de los goles del Mundial: la Araña por fin mordía, justo en el momento decisivo para prácticamente definir la eliminatoria, sellada con el 3-1 que puso Lautaro cuando los suizos estaban volcados. La selección suiza desarrolló una gran copa del mundo desde la seriedad táctica y el talento para definir las opciones que se les presentaban: se despiden de manera digna y prometedora.