El cine como espectáculo público cumplió 30 años de vida y los avances en términos de lenguaje se fueron haciendo cada vez más evidentes. Algunas obras maestras y otras grandes cintas vieron la luz en este año: una pequeña muestra de 15 obras, a continuación.
La quimera del oro se convirtió en una de las grandes comedias no sólo de la época silente, sino de la historia del cine. Charles Chaplin en la cúspide de su arte, enfundado en su personaje del vagabundo Charlot buscando fortuna en Klondike, Alaska, en donde termina compartiendo una cabaña con un delincuente y un gigantón: el equilibrio del refugio refleja la manera justa de combinar la sátira con el apunte social desde un sustento tragicómico, expresada en memorables secuencias dentro de dicha cabaña, el salón de baile y la danza de los panecillos, además del infaltable toque romántico. Imprescindible. En tanto, Harold Lloyd protagonizó la memorable comedia dirigida por Fred C. Newmeyer y Sam Taylor, The Freshman, ahora como un joven ingenuo que busca ganar popularidad entrando al equipo de fútbol americano de la universidad, mientras que Buster Keaton se lanzó a buscar mejor fortuna de Nueva York a California en Go West, al fin entablando amistad con una vaca, después de muchas aventuras, mientras que en Seven Chances debe casarse antes de las 7 de la noche para poder heredar una enorme fortuna, con los líos que se podrían esperar.
El genial director y teórico del cine Sergei Eisenstein realizó sus dos primeros largometrajes. Primero fue La huelga, en la que un grupo de obreros exigen sus derechos tras un suceso trágico, en el contexto previo de la revolución rusa. Después, El acorazado Potemkin y sus estampas vueltas referente global: el simbólico rostro con los lentes destrozados y el del marinero muerto; los gusanos en la comida, las botas y los cañones; los leones de piedra que parecen cobrar vida en plena rebelión y la carreola cayendo por las escaleras, mientras la madre carga a su hijo muerto. Cargada de significados, la cinta transformó las estrategias y el enfoque del montaje para siempre con enfáticas yuxtaposiciones, además de levantar la mano por la revolución y la consecuente liberación tanto de los marineros oprimidos como del pueblo de Odesa: con evidente tendencia ideológica y propagandística, se puede revisar y valorar a la luz de los acontecimientos ocurridos en los años recientes.
En La calle sin alegría: bajo la máscara del placer, basada en la novela de Hugo Bettauer se plantea una crítica social a través de las dificultades económicas experimentadas en tiempos de la posguerra y de la etapa prenazi por algunos personajes y el consecuente abuso por parte de otros, como el carnicero y la dueña del burdel, fingiéndose costurera; G. W. Pabst dirigió en tono realista dentro del movimiento conocido como nueva objetividad con Greta Garbo como figura principal. Desde Japón, sobrevivió Orochi, filme de samuráis orquestado por Buntarō Futagawa, quien incorporó una cámara versátil y diversidad de planos, en donde uno de estos guerreros atraviesa serias dificultades existenciales en un contexto feudal, no exento de dinámicas batallas cuidadosamente coreografiadas.
Junto con su esposa y coguionista Françoise Rosay, el director belga Jacques Feyder presentó Caras de niños, drama familiar retratado con realismo y apuntes poéticos en el que se plantean los conflictos de un joven frente a su madrastra y hermanastra, tras la muerte de su madre, y las culpa que le genera esta situación: al profundo desarrollo de personajes se suma una puntual descripción del contexto de la villa donde se desarrolla la historia, combinando planos generales que capturan la naturaleza con otros de carácter más íntimo. En similar vertiente temática y estilística, el relato autobiográfico de Jules Renard sirvió de base para Poil de carotte, filme de Julien Duvivier que sigue el acoso que sufre un niño pelirrojo por parte de su propia madre, mientras que su padre transita de la indiferencia inicial hacia la protección cuando la vida de su deprimido hijo corre peligro.
Por su parte, Carl Theodor Dreyer incursión en un tono más cercano a la comedia con El amo de la casa, relato familiar de logradas interpretaciones con prematuro enfoque feminista, en el que la exniñera del padre autoritario entra al quite, ante la enfermedad de la madre de dos hijos y sufrida esposa del hombre del título, para hacerse cargo del hogar. Ernst Lubitsch le puso su famoso toque a El abanico de Lady Windermere, basada en la obra teatral de Oscar Wilde donde se plantean y sugieren los enredos entre la mujer del título, su impredecible madre y el galán, interpretados por un reparto en el tono preciso para combinar la comedia con los toques de drama, sumado a los ingeniosos diálogos y encuadres que conforman el filme. Antes de la versión de Vidor de 1937, Henry King propuso su mirada, apoyado por el guion de Frances Marion, de Stella Dallas, película basada en la novela de Olive Higgins Prouty en la que se relatan los esfuerzos de una madre divorciada, interpretada con sensibilidad por Belle Bennett, orientados a cuidar de su hija y procurar su felicidad.
El fantasma de la ópera de Rupert Julian, adaptando el famoso texto de Gaston Leroux, quien participó en el guion, abrió la puerta a posteriores películas de monstruos con un Lon Chaney en plena forma y un trabajo de efectos y decorados que incidió en mantener el tono dramático y terrorífico a lo largo de todo el relato con el habitual toque de dolido romance. En el terreno de la aventura, se llevó a cabo la primera y muy lograda adaptación de la novela de Arthur Conan Doyle, El mundo perdido, en la que una expedición se interna en alguna zona de Sudamérica donde todavía habitan dinosaurios y tribus ancestrales; el director Harry O. Hoyt se apoyó en notables efectos especiales y en un agudo sentido de riesgo para la realización de este pionero film del género.