Sonny Rollins (primera): El coloso de Nueva York

León /

Sorprendió de adolescente y atravesó por diversas generaciones de brillantes colegas y por géneros diversos, del bebop al free jazz y de ahí a la fusión y al hard bop con apuntes de post-bop y lances globalizadores, siempre apuntando su privilegiado saxofón hacia adelante, buscando la composición significativa y proponiendo la improvisación como una forma de capturar el momento emocional para crear otros sentimientos a partir de su escucha. Junto con Coltrane y Parker, quienes fallecieron jóvenes, se constituyó como uno de los saxos imprescindibles de mediados del siglo XX, contribuyendo a sentar profundas bases tanto en el terreno de la interpretación, a pesar de su incansable actitud autocrítica que lo impulsaba a buscar nuevas formas y mejoras en su creación sonora, como en el de la composición, brindando algunos standards a lo largo de su amplísima trayectoria.

Bautizado como Walter Thoedore Rollins (07/09/1930) en Nueva York, quien después sería conocido como Sonny gracias al apodo de su abuelo, creció en Harlem y Sugar Hill en el seno de una familia originaria de las Islas Vírgenes, entre cuyos miembros se encontraban varios músicos. Empezó a estudiar piano a los 9 años y tomó el saxofón a los 11, influenciado por Louis Jordan y Coleman Hawkins para poner en acción su notable capacidad autodidacta; en preparatoria formó su primera banda con unos jóvenes llamados Jackie McLean, Kenny Drew y Art Taylor, ni más ni menos, y a finales de los cuarenta, empezó a tocar de manera profesional con gente como Babs Gonzalez y el trombonista JJ Johnson, para después formar parte de una sesión clave para el desarrollo del hard bop, junto a Bud Powell, Fats Navarro y Roy Haynes, puro peso completo.

Vinieron los problemas: un par de arrestos y la adicción a la heroína se convertirían en un desafío para resurgir. En esos años convulsos en la primera mitad de la década de los 50’s, grabó con Miles Davis, Charlie Parker y Thelonious Monk, cual intenso proceso de aprendizaje que empezó a rendir frutos con las piezas aportadas para el álbum Miles Davis with Sonny Rollins (1954), colaborando con Horace Silver, Percy Heath y Kenny Clarke. En 1955 ingresó a un centro para tratar su adicción y se vinculó con el quinteto de Davis y el de Roach y Brown, participando en el álbum Clifford Brown and Max Roach at Basin Street (1955). A partir de ahí, contratos con las principales disqueras y un frenético espíritu creativo invadieron los años por venir.

Después de grabar Mambo Jazz (1951), disco de 10 pulgadas enclavado en la fusión de ritmos afrocaribeños con el jazz que incluyó el clásico Mambo Bounce, también incorporado en Sonny Rollins with The Modern Jazz Quartet (1956), recopilación de algunas piezas primero integradas en EP’s en la que se integraron 4 composiciones con el excelso cuarteto, ocho con la colaboración de Kenny Drew y Art Blakey y uno más con, ni más ni menos, Miles Davis, participando en una canción al piano. Apareció el dinámico Moving Out (1956), también conformado por algunos cortes previamente grabados, incluyendo en el que participó Monk, con quien grabaría el clásico Thelonious Monk / Sonny Rollins (1956), confirmando esta creativa y muy feliz asociación.

En formato de cuarteto que incluyó la batería de Max Roach, entregó Work Time (1956), en el que versionó un clásico de Cole Porter y otro de Irving Berlin, dejando claro que no hay negocio como el show business. En clave hardbopera y sobre un formato de quinteto con Richie Powell y Clifford Brown, ambos fallecidos poco después, y el propio Roach con George Morrow en el bajo, produjo Plus 4 (1956), desarrollado en poco más de media hora desplegando pura conjunción natural y brillantes recorridos en solitario que ya anunciaban lo que estaba por venir en lo inmediato.

Vendrían dos obras clave: con el primer quinteto de Miles Davis, alcanzando plena y fluida compenetración, grabó Tenor Madness (1956), incluida la participación de Coltrane en el histórico corte titular, además de revisitar a Claude Debussy en My Reverie, Larry Clinton y a Einar Aaron Swan, entre otros. Vendría entonces el clásico Saxophone Colossus (1957), uno de los discos clave en la historia del jazz con ese sax tenor transitando de la intensidad a la elegancia y de la sutileza a la travesura para descubrirnos qué es el amor y rendir tributo a St. Tomas, una de sus clásica composiciones, en tanto el la batería de Roach pone la estructura para que el bajo de Watkins se bifurque y el piano de Flanagan se regodee en los planos armónicos; Kurt Weill y Bertolt Brecht se hacen presentes a través de una versión de Moritat, mientras que Strode Rode desprende agilidad y la espaciosa Blue 7 abre pasajes a solos y momentos de rítmica cautela. El hard bop había encontrado algunas de sus más altas crestas estilísticas.

Continuó esta andanada interminable con Rollins Plays for Bird (1957), conformado por composiciones relacionadas con Parker, seguido por Tour de Force (1957), que incluyó la vocal de Earl Coleman, reeditado como Sonny Boy (1961), con algunas modificaciones. Entre Sonny Rollins Vol. 1 (1957) y Sonny Rollins Vol. 2 (1957), consistentes obras en las que participaron grandes jazzistas como Donald Byrd, Horace Silver, Paul Chambers, Monk y Art Blakey, además de los cómplices habituales, grabó el renovador Way Out West (1957) en formato de trío con el bajista Ray Brown y el baterista Shelly Manne, prescindiendo del piano y con influjos country e influencia del jazz de aquella costa, alejada de su Nueva York: una visita al viejo oeste que terminó convertida en una obra maestra.

Cerró esta prolífica década, ya cargando con pleno reconocimiento, vía The Sound of Sonny (1957), sumando líneas melódicas y serpenteantes armonías; Freedom Suite (1958), reflexionando en torno a su condición como artista afroamericano y con ciertos apuntes de vals; Newk’s Time (1959), recordando su apodo y proponiendo cinco versiones en convivencia con un corte propio en ese ir y venir entre el bop y el hard; participó con el legendario Dizzy Gillespie y el tocayo saxofonista Sonny Stitt en Sonny Side Up (1959) y concluyó este intenso periodo con Sonny Rollins and the Contemporary Leaders (1959), conformado por una decena de standard ejecutados de manera prístina, ahora con la guitarra de Barney Kessel, entre otros colegas de excepción.


  • Fernando Cuevas
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