Sonny Rollins (segunda): el coloso del saxofón

León /

Después de un receso de tres años para profundizar en su arte, Rollins volvió con The Bridge (1962), basado en las largas sesiones en solitario sobre el puente Williamsburg que cruza el East River, acaso retomando esa estampa de constante rítmica fluidez fortalecida por el guitarrista Jim Hall, el baterista Ben Riley y el bajista cómplice de largo alcance, Bob Cranshaw, acompañando los standards y el par de sugerentes composiciones propias; tuvo una reedición ampliada con siete temas titulada The Quartets (1964). Sin tomar un respiro, grabó What’s New (1962), en el insertando algunas tesituras del bossa-nova y proponiendo contundentes solos, mientras que la aparición de Our Man in Jazz (1962) capturó en vivo al saxofonista y cerró las publicaciones de aquel año que representó un muy ocupado regreso.

Apareció en 3 In Jazz (1963), integrado también por algunas sesiones del vibrafonista Gary Burton y el fliscornista Clark Terry, cada uno con su grupo de acompañamiento; Rollins tocó, ya influido por los vientos de libertad que circulaban en el mundo del jazz, con el cornetista Don Cherry, el bajista Henry Grimes y el baterista Billy Higgins. Siguió en tesitura compartida y presentó Sonny Meets Hawk (1963), interpretando codo a codo con el gran Coleman Hawkins, desde cierto enfoque vanguardista al que colaboró el piano de Paul Bley, mientras que en Now’s the Time (1964) participó Herbie Hancock con sus aportes para versionar varios clásicos con bastante fortuna, tal como sucedió con All the Things You Are (1964), en el que también intervino Hawkins, y The Standard (1965), con la presencia del pianista.

En formato de cuarteto debutó en la disquera del título vía Sonny Rollins on Impulse! (1965) recreando cinco composiciones a partir de firmes pulsaciones y fluidas interacciones rítmicas y melódicas, también advertidas en Alfie (1966), álbum que acompañó la película de Lewis Gilbert con el gran Michael Caine en el protagónico y al que se sumaron notables como Kenny Burrell, Jimmy Cleveland, Oliver Nelson y Phil Woods, entre otros. Esta etapa terminó con el aventurero On the Outside (1966), integrado por piezas en vivo y en estudio, y East Broadway Run Down (1967), otras de sus obras más arriesgadas y notables en las que retomó el free jazz y se dejó acompañar por la incisiva trompeta de Freddie Hubbard y una fulgurante base rítmica conformada por la batería de Elvin Jones y el bajo elusivo de Jimmy Garrison, justo para poder escaparse entre las ruinas que ves.

Tras un prolongado retiro, volvió en plena forma con Next Album (1972), conformado por tres piezas propias y un par de versiones que mostraron la capacidad del sax tenor para mantener el filo y profundidad en sus interpretaciones, como se deja escuchar en Horn Culture (1973), que incluyó una sentida versión de God Bless the Child; The Cutting Edge (1974), derivado de una presentación en el Festival de Montreux; Nucleus (1975) y sus apuntes funkies; The Way I Feel (1976), incluyendo composiciones de George Duke y cierta ligereza, y el más vivaz y energético Easy Living (1977), con sus toques R&B y una adaptación de Stevie Wonder; Apareció There Will Never Be Another You (1978), grabado en el MoMA en 1965 y de paso mostrando la enorme capacidad de improvisación del sax tenor a lo largo de los cinco clásicos que adaptó y adoptó, al que siguió Don’t Stop the Carnival (1978), otro disco en vivo enclavado en la fusión, tal como Don’t Ask (1979), cerrando la década con el guitarrista Larry Coryell.

Sonny Rollins


La década ochentera lo encontró en una tesitura más soft pero sin perder la astucia interpretativa y el afán improvisador, como se advierte en Love at First Sight (1980), apoyado por Stanley Clarke y George Duke, al que le siguieron No Problem (1981), conciso y ejecutado sin mayor dificultad; Reel Life (1982), fortalecido por las guitarras eléctricas y, sobre todo, la batería de Jack DeJohnette, y Sunny Days, Starry Nights (1984), versionando baladas y proponiendo obras propias. Regresó al directo en Solo Album (1985), grabado en el Jardín de las Esculturas del MoMA, cual escenario ideal para apreciar al hombre y su saxofón, como en G-Man (1986), otro disco en vivo ahora desde la escultura Opus 40. Cerró la década con Dancing in the Dark (1987), representativo del jazz ochentero y Falling in Love With Jazz (1989), carta de amor al género que lo cobijó y al que tanto contribuyó.

Here’s to the People (1991), contó con la trompeta de Roy Hargrove para tomar impulso, mientras que en Old Flames (1993) se integró un nutritivo conjunto de metales; continuó con el muy disfrutable Sonny Rollins + 3 (1996), conformado por cinco versiones y dos originales de profusa base rítmica y con Global Warming (1998), en decidida clave ecológica. Abrió el nuevo milenio con ánimos renovados a través de This is What I Do (2000), cual declaración de principios y ya desplegando toda la experiencia tanto en los solos como en los pasajes conversacionales. Vendría Without a Song: The 9/11 Concert (2005), disco en vivo que grabó poco después del atentado a las Torres Gemelas que vivió muy de cerca y que provocó que desalojara su departamento en Greenwich Street sólo con su querido saxofón en mano.

Se despidió del estudio con el fresco Sonny, Please (2006), integrado por siete cortes, grabado en formato de sexteto y alternando, como fue su costumbre, piezas propias con versiones de manera cohesiva y orgánica. Road Shows Vol. 1 (2008) y Road Shows Vol. 2 (2011) se conformaron por algunas grabaciones vivo durante los pasados 30 años que dejaron de manifiesto, por si hubiera duda, la versatilidad, vigor y sentimentalidad que caracterizó la puesta en vivo de este enorme coloso del saxofón tenor, quien falleció a los 95 años el 25 de mayo del 2026 tras una trayectoria de más de medio siglo en la que departió con grandes figuras y tejió tonalidades y texturas inconfundibles con su sonido, vigoroso y evocativo, explorador y clásico.


  • Fernando Cuevas
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