Emergencia cultural

  • Columna de Fernando de Ita
  • Fernando de Ita

Ciudad de México /

Es un hecho que en el presupuesto de egresos del Gobierno Federal para el 2017 el recorte para cultura y turismo es del 30 por ciento. Si resulta verdad que en ese recorte están los 36 millones de pesos que otorga anualmente la Federación a los estados del país, como han publicado algunos medios nacionales, estaremos ante una emergencia cultural en virtud de que el 95 por ciento de las actividades culturales del estado de Hidalgo se financian con dicho otorgamiento.

Como le dijo el diputado Santiago Taboada, presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, a Milenio Nacional, este recorte “deja prácticamente a las entidades federativas sin cultura”.

Ahora sí, ciudadano Omar Fayad, puede poner al frente del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo a un jugador de ajedrez porque no tendrá otra cosa que hacer que ver pasar el tiempo.

Lo risible del caso es que como en cada cambio de gobierno se agitó el avispero cultural, primero para ver a quién nombraban al frente del CECAH, y cuando no fue así, para grillar por un candidato y para quejarse que cada sexenio ese grupo de individuos que llamamos, “comunidad cultural”, se reúne con el gobernador entrante sin consecuencia alguna. Lo que omiten es que esas reuniones son como las cartas a los reyes magos en las que cada quien pide su bicicleta. Nadie presente en esas ocasiones una visión de conjunto, un diagnóstico de lo que hay y lo que falta, un programa de trabajo que tome en cuenta la estructura material y humana del Consejo, su marco jurídico, sus fuentes de financiamiento; su realidad, en una palabra.

Es una fatalidad que esto ocurra cuando, por fin, un gobernador del estado muestra interés personal por la cultura. Ahora puedo decir que la propuesta del ciudadano gobernador es la más adelantada de las que se han difundido por las redes sociales. Lo más fácil, comentó en privado, sería nombrar a un director del Consejo y lavarme las manos. No, él quería un Consejo democrático, rotativo, en el que estuvieran las personalidades de las diferentes disciplinas artísticas alternándose la busca de consensos, de proyectos transversales, de fuentes de financiamiento, de creación de públicos, de nuevas formas de socializar la cultura artística, con el auxilio de las nuevas tecnologías.

Lo real, por el momento, es que desaparecieron del presupuesto de egresos los mil 200 millones de pesos del “subsidio piso” del que dependían estados como el nuestro para su actividad cultural. Como el gobierno local sólo paga la nómina del Consejo y algunos eventos especiales, habrá que hacer equipos de ping pong con los empleados administrativos, los sindicalizados y los mandos medios y superiores para que tengan algo que hacer. Los artistas, por su parte, ya no tendrán a quién culpar por su falta de trabajo, por su falta de iniciativas, por su falta de talento. Salvo ese pequeño núcleo de agrupaciones, de empresas, de colectivos, de camaradas del oficio que ya están intentando lo imposible: vivir fuera del presupuesto.

Ahora sí, ciudadano gobernador, sólo un gestor de probada eficacia, con relaciones estatales, regionales, nacionales e internacionales, podrá mitigar la catástrofe. Queda, claro está, la virgencita de Guadalupe.

Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS