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La profecía de los muertos
Yo permanecí, vigilante, hasta que mi madre reapareció y bebió la sangre. Entonces pudo reconocerme y, con honda pena, habló conmigo. -
La luz al principio de la oscuridad
Al amanecer, su trono dorado resplandeció. Circe me cubrió con el manto y la túnica. Ella llevaba un largo vestido blanco, un cinturón de oro y un velo en la cabeza. -
La cama de la salvación
Hermes voló entre los árboles y regresó al Olimpo. Yo llegué a casa de Circe. Mi corazón latía con intensidad. Entonces la vi: estaba hermosa, con su pelo trenzado. -
El saco de la necedad
El gigante quiso matar a mis hombres. Sujetando a uno de ellos, lo devoró por entero. Los otros dos escaparon. -
El engaño de Nadie
—Mi nombre es Nadie. Mi familia y mis amigos me llaman así. Dame el regalo que me prometiste. —Me comeré a Nadie hasta el final. Ese es mi regalo. -
El gran pastor
Encontraron seres humanos: lotófagos inofensivos, quienes compartieron la delicia de la flor de loto. -
El canto de Odiseo
Zeus ordenó a los vientos del norte que empujaran nuestros barcos: un terrible tifón y una densa niebla cubrió el mar y la tierra. Luego la noche cayó del cielo y nos atrapó. -
Un vuelo por tierra
Al entrar, me sentí en el aeropuerto de una ciudad estadounidense, por lo amplio y la arquitectura funcional. No obstante, se encontraba casi desierto, como de madrugada. -
Una navegación a pie
Era un altar de sacrificio frente a la Bolsa de Valores. Una pizarra luminosa anunciaba al mundo los tipos cambiarios y el lema: “SOMOS CREADORES DE VALOR”.