2 de octubre no se olvida

  • Columna de Fernando Rangel de León
  • Fernando Rangel de León

Laguna /

Así como al movimiento popular de 1810, se le denomina Independencia; al de los años de 1857 a 1867, se le llama Reforma; y al de 1910, se le nombra Revolución; así también al estudiantil de 1968, se le conoce ya como “2 de octubre no se olvida”.

Se cumplen 54 años de ese movimiento iniciado por los estudiantes en julio; pero sin violencia, como sí la hubo en los tres primeros mencionados movimientos; y aplastado por el gobierno con armamento militar en la Plaza de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968.

Las armas que utilizaron los estudiantes fueron sus ideas, las marchas, mítines, volanteo, perifoneo y asambleas garantizados en la Constitución, para manifestarse en contra de la represión policiaca y el autoritarismo del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, que coartaba todas las libertades, como las de expresión, reunión y libre tránsito; y en algunos de los cuales participó el que esto escribe, como estudiante de la UNAM.

Lo que más se quería con ese movimiento era hacer realidad la democracia, dándole mayor participación a la ciudadanía en la cosa pública, en la toma de decisiones de las políticas públicas que le atañían, y el respeto al ejercicio de los derechos sociales; pues a quienes intentaron hacerlo en 1958 y en 1959, los habían reprimido y encarcelado.

Una de las peticiones del 2 de octubre, eran la libertad del maestro Otón Salazar, y la de los ferrocarrileros Valentín Campa y Demetrio Vallejo, presos políticos desde esos años; acusados del delito de disolución social tipificado en los artículos 145 y 145 Bis del Código Penal, cuya derogación era otra de las peticiones; lo cual se logró con el movimiento.

Este delito se imputaba a cualquier ciudadano disidente del gobierno que realizara algún paro o una huelga no autorizada por él, como fueron la de los maestros y ferrocarrileros.

Gracias a ese 2 de octubre, México vive hoy en un clima de respeto a todas las libertades sociales, políticas y democráticas; pues no hay absolutamente en todo el país un solo preso político, aunque sí hay políticos presos por delitos comunes; y tiene hoy como nunca un ejército de pueblo uniformado, que nada tiene que ver con el represor de Gustavo Díaz Ordaz, en 1968.

Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite