Columna de Fernando Rangel de León

Desagravio de AMLO al pueblo chino

Fernando Rangel de León

Gracias al paso del ferrocarril México-Ciudad Juárez, a principios de los 80s, del siglo XIX, el Rancho Torreón, en una década se convirtió en la Villa de Torreón, y en catorce años fue elevada a la categoría de ciudad en 1907; atrayendo miles de inmigrantes nacionales y extranjeros, destacando árabes, españoles, ingleses, franceses, norteamericanos y chinos, entre otros; distinguiéndose todos ellos por su laboriosidad y su comunidad; habiéndose establecido alrededor de 12 consulados de cada uno de esos países, para atender sus necesidades migratorias.

El vertiginoso progreso de la naciente ciudad de Torreón, fue aparejado con la prosperidad de sus habitantes, venidos de afuera y nacidos aquí; pero el mejoramiento del patrimonio de los chinos fue tal que hasta constituyeron el Banco Chino, que se ubicó en la avenida Juárez frente a la Plaza Principal; pues fueron prósperos cultivadores de hortalizas, agricultores, comerciantes, restauranteros y grandes ahorradores; lo que despertó la envidia de algunos mexicanos.

Al calor de la Revolución Mexicana, esa codicia hizo que aflorara el resentimiento hacia los chinos, a tal grado que aprovechando la confusión reinante durante los enfrentamientos armados entre las fuerzas maderistas y porfiristas, durante la Primera Toma de Torreón; en los que no se encontraba el General Francisco Villa; pues estaba peleando en ciudad Juárez, Chihuahua.

El 15 de mayo de 1911, durante esas refriegas, los odios estallaron en barbarie y los resentidos asesinaron a 303 de los alrededor de 600 chinos que en ese entonces vivían en Torreón; lo que fue sumamente reprobado por la población y la opinión pública, regional y nacional, provocando un conflicto internacional entre México y China.

Se investigó policiaca y judicialmente ese reprobable y brutal hecho; interviniendo en las averiguaciones abogados norteamericanos mandados por el gobierno de China; todo ello bajo la supervisión de la Secretaría de Relaciones Exteriores de nuestro país; llegando a un acuerdo por el que nuestro gobierno indemnizó a los deudos de los chinos asesinados, como parte de la reparación de los daños y perjuicios causados por la pérdida de sus vidas y de sus bienes.

Pero faltaba la reparación mayor, que es el desagravio histórico que el pueblo mexicano hasta ahora le rinde al hermano pueblo de China, mediante un acto de trascendencia nacional e internacional; por el que el gobierno mexicano pide perdón al de China.

Ese perdón lo está expresando el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, a 110 años de esa vil masacre, precisamente en esta misma ciudad de Torreón, Coahuila, donde ocurrió este trágico suceso; perdón con el que nos solidarizamos todos los mexicanos, todos los laguneros pero en especial los torreonenses.

Con este perdón, AMLO demuestra congruencia; pues así como él ha pedido perdón al gobierno español, por la brutal Conquista a nuestros antepasados; y a la iglesia Católica, por haberla solapado; ahora él, poniendo el ejemplo, lo está otorgando al pueblo Chino.

Este desagravio debe servir de lección para que no vuelva haber genocidios en ninguna parte del mundo y nunca jamás, por ningún motivo; pues nada los justifica.

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