Llevo todo el día leyendo la misma frase repetida: que Apple llega tarde al plegable. Y en el calendario, tienen razón. Pero después de ver todo lo que se presentó hoy, mi lectura es otra: Apple no llegó tarde, llegó cuando decidió llegar, que es distinto, y esa diferencia se nota.
Lo digo en serio: esta empresa casi nunca inventa la categoría. Llegó después con el reproductor de música (iPod), después con el smartphone (iPhone) después con la tablet (iPad), después con el reloj inteligente (Apple Watch) y en cada una de esas ocasiones terminó fijando el estándar que todos los demás acabaron persiguiendo. Con los plegables va a pasar lo mismo, y lo que vi hoy me lo confirma.
Lo que más me sorprendió no fue la pantalla de casi ocho pulgadas, ni el chip, ni siquiera el precio, que se portó más contenido de lo que se temía. Lo que me sorprendió fue algo que en el escenario sonó casi como un detalle menor: la transición entre la pantalla exterior y la interior. Que lo que estás haciendo en la pantalla chica se acomode solo, al instante, al abrir el teléfono, sin tener que volver a tocar nada, parece una tontería hasta que te detienes a pensar en lo difícil que es resolver eso bien.
Ahí está, para mí, el verdadero salto: no en el vidrio que se dobla, sino en el software que hace como si nunca se hubiera doblado.
Y eso, sumado a la multitarea real, dos apps lado a lado, con la posibilidad de guardar esa combinación como un par favorito para reabrirlo después, es justo el tipo de detalle que separa a un plegable que funciona de uno que se siente terminado.
No creo que sea casualidad que Apple haya apostado más fuerte precisamente ahí, en lugar de limitarse a copiar el formato que ya dominaba el mercado. Esas dos cosas, la transición entre pantallas y la multitarea guardada, me parecen la parte del anuncio que en un año más todos los demás van a estar tratando de igualar.
Que quede claro algo: no estoy diciendo que los plegables que ya conocíamos sean malos. Al contrario, me parecen excelentes, y son ellos los que le abrieron la puerta a esta categoría, los que se arriesgaron primero cuando nadie sabía si esto iba a funcionar. Eso tiene mérito y no se los voy a quitar.
Pero también sé reconocer cuándo Apple hace lo que mejor sabe hacer: llegar después, observar todo lo que ya se intentó, y presentar una versión que de pronto hace que lo anterior se sienta como un borrador. Con el iPhone Duo, otra vez, marcó un antes y un después.
Por eso creo que el Duo no compite solo contra sí mismo ni contra su propio precio. Compite contra la idea de lo que un plegable tiene que ser a partir de ahora. Si la transición entre pantallas y la multitarea guardada se convierten en el mínimo que se espera de cualquier plegable de aquí en adelante, entonces Apple ya ganó la conversación antes de vender el primer teléfono, otra vez a su estilo: llegando al final, pero dejando la vara puesta donde nadie más la había puesto