El inicio del Mundial de Futbol en nuestro país dejó algunas discusiones pendientes. Apenas unos días antes del inicio de la contienda deportiva, el 3 de junio, entró en vigor la Reforma Constitucional al artículo 41, conocida como la Ley contra la intervención extranjera en elecciones.
Esta ley agrega una nueva causal de nulidad electoral. Una elección federal o local se puede anular cuando se acrediten “actos de intervención o injerencia de otro país que influyan en los resultados”. Define como injerencia: financiamiento ilícito, propaganda, difusión sistemática de desinformación, manipulación digital y la intervención de gobiernos u organismos extranjeros.
Para la nulidad de una elección, antes solo había tres causales: rebase de gastos de campaña, compra de cobertura informativa y uso de recursos de procedencia ilícita. Esta cuarta causal fue aprobada por diputados con 307 y por el Senado con 85 votos a favor.
Aunque las leyes secundarias deberán precisar los criterios específicos, el concepto puede abarcar, entre otros: financiamiento extranjero a campañas o partidos, campañas de propaganda financiadas desde el extranjero, ciberataques dirigidos a alterar el desarrollo de las votaciones, operaciones coordinadas de desinformación provenientes de actores extranjeros, apoyo gubernamental extranjero a un candidato o partido, o cualquier acción extranjera que pueda influir de manera determinante en el resultado de la elección.
Si el Órgano Administrativo y, en última instancia, el Tribunal Electoral establecen que existió una intervención del extranjero que fue determinante para el resultado, la elección puede ser declarada nula, además de imponerse sanciones administrativas o penales cuando correspondan.
Sus defensores sostienen que fortalece la soberanía nacional y protege la integridad de las elecciones frente a nuevas formas de injerencia internacional. Sus críticos argumentan que el concepto de "intervención extranjera" puede ser demasiado amplio y que, si no se define con precisión en la legislación secundaria, podría generar incertidumbre jurídica o prestarse a interpretaciones discrecionales.
Justo antes de la promulgación de la reforma, cuando todavía estaba en discusión, Parametría midió la reacción de la ciudadanía ante la posibilidad de su aprobación. Es evidente que el ciudadano promedio no tiene todos los elementos para evaluar una ley tan compleja. Con la poca información a la mano con la que contaba, reaccionó.
El primer dato que llama la atención es el bajo conocimiento de la iniciativa, hoy ley. Poco menos de una tercera parte de la población se enteró. Se esperaría que a medida que el proceso electoral se acerque, haya más discusión sobre el tema y la población se entere de sus implicaciones.
Como era de esperarse, la gente está a favor de la reforma. Los niveles de apoyo eran de prever y muestran una clara posición nacionalista (74%). Un porcentaje menor considera que otras naciones quisieran intervenir en nuestros procesos (61%). Por estas respuestas se puede concluir que la ciudadanía no ve a México como una nación que sea del particular interés de otros países como para intervenir, pero no por ello rechaza la posibilidad de que suceda.
El país del que se observa mayor interés o nivel de intervención es más o menos esperable: Estados Unidos (57%). Las otras opciones que contempla la pregunta aparecen con porcentajes muy bajos de alrededor de 5 por ciento. Canadá, China o Rusia no se perciben como una amenaza para nuestro país. A juzgar por reportes recientes de otros procesos electorales como el argentino o por denuncias recientes de nuestro vecino del norte, es probable que estemos subestimando a la actividad registrada por una nación proactiva como Rusia.
El debate se pospuso y está en espera de ser activado. En el periodo postelectoral, cuando se empiece a aplicar esta ley, se reavivará la discusión de manera inevitable. Entre el Mundial de futbol y la lejanía con los comicios, podríamos afirmar que la reforma “pasó de noche”. Sin embargo, por sus implicaciones, es un tema que seguramente regresará.