El 24 de agosto, Ucrania conmemora su Día de la Independencia. Esta fecha, que históricamente ha sido motivo de celebración y afirmación de la identidad nacional, desde hace cuatro años y medio ha adquirido una dimensión que trasciende sus fronteras. No se trata solo del aniversario de una nación soberana, sino de un recordatorio diario del precio de la libertad y de la determinación inquebrantable de un pueblo para decidir su propio destino.
Desde el inicio de la invasión a gran escala por parte de Rusia, Ucrania no sólo ha defendido su existencia, su territorio, su cultura y a su población, sino también los principios fundamentales del orden internacional, como el respeto a la soberanía y la integridad territorial, que garantizan la coexistencia pacífica entre las naciones del mundo.
La Unión Europea y Ucrania comparten una convicción irrenunciable: el orden internacional basado en reglas no es un concepto abstracto, sino un principio esencial para preservar la soberanía de los Estados, ya sean grandes o pequeños. Cuando se vulneran las fronteras reconocidas internacionalmente de un país soberano, no sólo se afecta a ese país: también se debilita la seguridad y la estabilidad de todas las naciones.
Esta convicción encuentra un eco profundo en la tradición diplomática de México. La doctrina mexicana de política exterior, cimentada en la no agresión, el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de conflictos resuena con la aspiración del pueblo ucraniano a vivir en paz y decidir libremente su futuro. Defender la soberanía de Ucrania significa también defender las normas internacionales que protegen a todos los países frente a la arbitrariedad del uso de la fuerza.
El apoyo de la Unión Europea a Ucrania no es coyuntural: es un compromiso integral y de largo plazo. Con el inicio de las negociaciones de adhesión a la Unión Europea, Ucrania ha reafirmado su vocación europea y su aspiración de formar parte de esta gran familia.
La solidaridad comunitaria abarca tanto el apoyo político, económico, militar y humanitario, como una colaboración activa en el proceso de reconstrucción y modernización del país. Esta transformación no sólo consolidará una Ucrania más fuerte y democrática, sino que también contribuirá a fortalecer la estabilidad, la prosperidad y la seguridad de Europa en su conjunto.
La paz que Ucrania busca es una paz justa, duradera y basada en el Derecho Internacional, que respete la soberanía y la integridad territorial del país. Para alcanzarla, el respaldo de los países de América Latina —y, muy especialmente, el de un país con la voz y la influencia de México— es indispensable.
La indiferencia ante la agresión sienta un precedente peligroso para cualquier país y región del planeta. Por ello, reconocemos al Gobierno y al pueblo de México por su condena inequívoca a la agresión rusa, por su continuo apoyo a Ucrania y por su acompañamiento a los esfuerzos en favor de una paz justa y duradera, y de un orden internacional basado en el Derecho Internacional.
El Día de la Independencia de Ucrania nos recuerda que la libertad no se puede dar por sentada: se defiende y se construye día con día. Para las y los ucranianos, esta no es una reflexión abstracta, sino una realidad que se vive día con día. Para las y los ciudadanos del resto del mundo, es una oportunidad para recordar el valor de la independencia, la soberanía y la dignidad de los pueblos.
Hoy, Ucrania y la Unión Europea caminan juntas en la defensa de los valores democráticos y del orden internacional basado en reglas. Con el respaldo de naciones comprometidas con el derecho internacional, como México, reafirmamos nuestra convicción de que el derecho, la justicia y la dignidad deben prevalecer sobre la fuerza.
Francisco André Y
Serhii Pohoreltsev