Mañana se llevará a cabo el relevo de gobierno en Jalisco. A diferencia de transiciones anteriores, el escenario que enfrenta el nuevo gobierno local, es muy distinto al que, en su momento, enfrentó Alberto Cárdenas o el propio Jorge Aristóteles Sandoval.
Las variables no son menores. Enrique Alfaro será gobernador en medio del cambio de régimen más radical que se haya visto en la historia moderna del estado. Para empezar, el gobierno federal ha creado la figura del superdelegado, para que, entre otras materias, sea el responsable de encabezar la seguridad pública. Esto se ha visto como una señal de intromisión que va en detrimento de la autonomía estatal.
En segundo lugar, el nuevo gobierno impulsará una política fiscal centralista que eventualmente podría asfixiar a los estados, pero cuyo impacto más profundo lo sufrirán los municipios, quienes, prácticamente dependen de las participaciones federales. Hasta donde se tiene información, los grandes proyectos que se plantearon para Jalisco, no figuran hoy en los diseños presupuestales para el 2019.
Aunado a ello, el estilo personal del nuevo presidente ofrece más incertidumbres que certidumbres. Sus constantes contradicciones, su tendencia a polarizar, su fobia a la planificación y, por ende, su predilección por gobernar por instinto, complican los acuerdos, comprometen los proyectos e impiden el trazo de rutas certeras.
Uno de los mayores retos que enfrentará el proyecto de Refundación de Jalisco es el político ¿Cómo sortear la relación con el gobierno federal sin postrarse, pero tampoco, sin llegar a la ruptura? Tanto Andrés López, como Enrique Alfaro comparte un apoyo popular mayoritario. Ambos llegan al poder con mandatos sociales claros y amplia legitimidad. Ambos tienen el sentido de urgencia de cambar las cosas, uno, encabezando lo que llama, la Cuarta Transformación, el otro, la Refundación.
Lo que los separa son las formas. Mientras el gobierno federal se vuelve hacia sí mismo, el futuro gobierno estatal da pasos hacia una apertura democrática. El punto de quiebre definitivo, es la lucha por el federalismo que ha comenzado a dar el futuro gobierno local.
La lucha por el federalismo, más que una bandera diferenciadora, es una batalla crucial para garantizar resultados. El regreso al centralismo no es una cosa abstracta, tiene rostros, tiene datos y sus afectaciones se pueden medir fácilmente en todas las dimensiones y sectores de la vida económica.
Jalisco no se pueden permitir un retroceso en esa materia. Usar los recursos para ejercer control político es una práctica regresiva y autoritaria. Para evitar los abusos que se dieron en el pasado, lo mejor es fortalecer la justicia y acabar con la impunidad.
franklozanodelreal@gmail.com
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Frank Lozano
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