Abuso infantil y complicidad materna

  • Semillas de conciencia
  • Gabriel Rubio Badillo

tampico /

Solo hay una cosa que lastima y destruye tanto la personalidad de un niño, además de la violencia y del abuso sexual: el silencio y la complicidad de su propia madre.

Encima de la tragedia de toparse con tipos perturbados que los exponen al dolor y a la confusión, tenemos que sumarle la increíble e indignante permisividad de muchas mujeres, que eligen el silencio en lugar de las acciones.

Madres de familia que están perfectamente conscientes de que sus hijos están siendo sometidos a abuso por parte de su pareja (frecuentemente alguno de sus nuevos novios).Y antes que meter a su pareja a la cárcel, de querer tragárselo vivo al enterarse, o de terminar la relación, prefieren que sus pequeños sigan sufriendo esta infamia.

Resulta escalofriante escuchar el testimonio de muchas jovencitas e incluso de mujeres ya adultas, que narran en psicoterapia el historial de violencia sexual que vivieron a manos de sus padrastros. Pero refieren que conforme los años han pasado, el dolor y la decepción son peores al recordar cómo su madre las dejó solas y prefirió hacerse de la vista gorda. Madres que incluso las culparon a ellas por lo sucedido.Madres que si acaso le pidieron a su pareja que les pidiera perdón a sus hijas y de todas maneras el abuso siguió adelante. Por supuesto que el abuso también ocurre con extraños, primos, y otros familiares. Incluso por parte del padre biológico. Pero de pronto no se entiende cuál es la monstruosidad más grande: si la del individuo perturbado o la de la mujer que deja a sus hijas al garete frente a un enfermo. Este tipo de madres de familia frecuentemente derivan de historias similares en su infancia; pero esto no es siempre la regla. Basta una autoestima por los suelos; un egoísmo desmedido, un corazón y un cerebro enfermos e incapaces de reaccionar para proteger a su descendencia.

Recuperarse del abuso es doloroso; reponerse del abandono y de la indiferencia materna es todavía más difícil. Entre las múltiples patologías que carcomen a una familia, nada duele tanto como la traición y la indiferencia de quienes se supone están ahí para protegerte. Retener al “macho” por encima del amor de ser madre. _

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