¿Depender de la Cruz Roja?

  • Semillas de conciencia
  • Gabriel Rubio Badillo

Tamaulipas /

Es entendible que en cualquier organización que maneja Recursos financieros, si se detecta una mala administración, se proceda a sanciones; pero la “solución” radical de cancelar los servicios de varias delegaciones de una institución como la Cruz Roja, pone sobre la mesa la escala de valores que tenemos en nuestro país en torno a la vida misma y la salud de la población.

¿Cómo se puede jugar con las vidas humanas de esta manera? Y otra pregunta que va de la mano es ¿cómo es posible que la salud pública y el bienestar de los mexicanos dependa de dádivas y colectas en caso de sufrir un accidente o una enfermedad que amerite un traslado médico de urgencia?

Ya de por sí en muchas ciudades, el servicio que brinda la Cruz Roja es insuficiente y no se da abasto para llegar a tiempo y atender a heridos en accidentes o crisis de salud. Los costos de estas insuficiencias son muchas vidas humanas que se pierden por un servicio que no llegó a tiempo.

Resulta inadmisible, no sólo por las muertes que se causan, sino porque exhibe una escalofriante injusticia e insensibilidad del sistema de salud pública en México. A diario, la Federación recauda cantidades multimillonarias de impuestos en productos y servicios; nos cobran impuestos por comprar, por vender, por trabajar, por la gasolina, por los medicamentos, por la atención médica privada, por vivir en una casa y por tener un automóvil por los cuales ya pagamos impuestos cuando los compramos.

Los costos por peajes en puentes y carreteras son ofensivos y abusivos para los salarios promedio en México. Esas inversiones de construcción de vías de comunicación, ya fueron recuperadas y vueltas a recuperar hace muchos años y se sigue lucrando con eso al extremo.

Con ese panorama de usura oficial, es inconcebible que un mexicano se muera en un accidente o de un paro cardiaco que se pudo evitar, solo porque el sistema de salud no cuenta con ambulancias para trasladarlo al hospital y dependemos de colectas, de la buena voluntad y de donativos, para que un particular realice funciones que tendría que cubrir el Estado.

Y otra pregunta obligada: ¿porqué nos callamos ante tanta podredumbre e injusticia del sistema?


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