El amor se nota; pero el desamor, más

  • Semillas de conciencia
  • Gabriel Rubio Badillo

tampico /

¿Por qué renunciar a una relación donde seas centro de la vida de tu pareja y conformarte con volverte una costumbre?

No hay amor más hermoso que la libertad absoluta de que alguien te prefiera por encima de todo y no solo se conforme contigo.

Es lastimoso el concepto con que se entiende al amor. La pobreza de la autoestima lleva a mucha gente a aceptar migajas.

Si no te llama ni busca es porque no le nace; e insistir y reclamar a pesar de eso, es denigrante. Es el desmantelamiento de la dignidad humana. Si te extraña y te anhela lo hará notar; si no te extraña también, y aun con más claridad.

El amor posee dos características inconfundibles; sin eso no existe. Puede haber pasión, posesión, pero no amor. El amor real en una pareja es espontáneo. Es recíproco. Nace solo como la hierba del campo. No se exige. No se persigue. Se siente o no se siente. No se construye con el tiempo.

Si no brota del otro, no puedes reclamarlo. No está obligado a sentir lo que no le nace. Hay gente que le vuelve la vida un infierno a su pareja mediante reclamos de lo que no siente. Y su pareja se siente culpable por no ser capaz de experimentar lo que se espera. Así de ciego es el apego. Y lo que debería ser algo hermoso, se vuelve una persecución tortuosa. Cuando el amor no está o se ha marchado, es imposible que pase desapercibido. Las señales son claras. Ha dejado de preferirte. La iniciativa de pasar tiempo a tu lado se extingue.

Cuando amas, le inventas horas al día para estar con tu pareja; cuando ya no amas, te inventas horas extra en el trabajo. Y entonces el corazón comienza a perder el gusto por la plenitud, y abarata el anhelo. El conformismo se instala hondo junto al miedo a la soledad. Pero no hay peor soledad que la que se vive en compañía.

¿Te gustaría que tu pareja se quedara contigo solo por no verte llorar y no porque eres lo que más anhela? Pues así vive mucha gente.

Es tan poco su amor propio, que no aspira a sentirse deseada: ya tan solo espera sentirse “acompañada”.

Y es así como la vida se vuelve gris. Y se muere gris.

He ahí las consecuencias de confundir al amor con el apego; de ignorar las señales de cuando el amor no está. _

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