No se puede vivir sin tener fe en las personas; esperar lo mejor de la gente es una tendencia sana, además de natural en la personalidad. Sin embargo, cuando nuestras expectativas ignoran la realidad, los costos suelen ser muy altos.
Necesitamos darnos cuenta de que nuestras suposiciones no necesariamente coinciden con esa realidad. Pensamos que dar lo mejor de nosotros generará una reciprocidad automática de quién lo recibe. Eso es simplemente una suposición, que en muchos casos resulta cierta, pero no es una obligatoriedad en realidad.
La traición, el egoísmo y la falta de agradecimiento son más comunes de lo que suponemos. En ocasiones idealizamos a personas muy cercanas y damos por hecho, de manera arbitraria, que no poseen tales características negativas.
Es doloroso cuando, a partir de esas expectativas falsas, sentimos que la gente nos decepciona y entonces los condenamos. Y vamos por la vida acumulando rencores, sintiendo que están en deuda con nosotros, y cuestionando a Dios sobre lo que consideramos fueron experiencias injustas.
La realidad es que somos nuestros propios verdugos: partimos de suposiciones que nunca fueron realistas. La gente no está obligada a cumplir expectativas: damos lo que tenemos para dar.
Cada quien actúa en función de su respectivo nivel de evolución espiritual y tenemos la mala costumbre de maximizar las virtudes de la gente que queremos y nos cuesta trabajo una visión integral de sus propias polaridades y de las nuestras.
Con las virtudes pueden coexistir rasgos terribles en una misma personalidad. Eso es absolutamente normal. Tenemos un afán de mirar la vida de manera perfeccionista y de creer que la gente está obligada a conducirse siempre con nobleza y reciprocidad, y eso es absolutamente absurdo.
Hay cosas que no necesitan ser perdonadas; basta con aceptar que la realidad no otorga garantías sobre lo que esperamos de las personas; el mundo es así. Nadie dijo que este planeta tuviera que ser perfecto… está lleno de cosas espantosas; es un planeta elemental y primario.
Pero no todo son tragedias. Descubrir la hermosura que también existe y abonar a ella es una obligación y un derecho. _