¿Cleptomanía? No lo sabemos, lo único cierto es que el morbo sigue siendo un alimento de las sociedades vacías. En la zona sur de Tamaulipas circula un video que ya tuvo difusión a escala nacional, sobre una mujer captada por una cámara en un local comercial, mientras sustrae una calculadora rosa y la echa a su bolso.
La burla y los comentarios hirientes no se hicieron esperar, y entre las opiniones, surgió también la teoría de que no se trata de un robo común (debido al ínfimo valor de la calculadora) sino a una posible conducta de cleptomanía.
Esto es un padecimiento psicológico; una necesidad irrefrenable de hurtar cosas, independientemente de su valor y sin tener una necesidad económica apremiante.
El hurto va precedido de una fuerte ansiedad, y puede simbolizar el intento no consciente de recuperar algo valioso perdido en la infancia o de compensar una carencia afectiva, como un trauma o por padres abusivos. Una sensación de que algo nos fue arrebatado.
El psicoanalista Heinz Kohut veía una relación entre la cleptomanía, con un sentido incompleto o fragmentado del self (el sí mismo), donde el objeto robado, funciona como sustituto externo para estabilizar la identidad.
Este padecimiento no es un trastorno antisocial; no incluye conductas violentas ni se enfoca en causar daño a alguien.
Pero el punto sobre el incidente de la mujer de la calculadora, es reflexionar en la necesidad infame de exhibir y denigrar a una persona metida en un problema serio.
La falta de empatía nos hace pasar por alto que podríamos afectar terriblemente a la persona señalada, ante el impacto mediático que ha tenido la difusión del video y los comentarios hirientes que se han realizado.
¿Y si en realidad tiene un problema psicológico y estamos siendo el factor agravante para hacerla sentirse peor? Y si fuera alguien de nuestra familia… ¿lo compartiríamos también para exhibirlo? ¿En serio necesitamos tanta violencia emocional y hacer leña del árbol caído?
¿Qué tan enferma puede estar la psique colectiva para necesitar ese tipo de linchamientos? ¿Por qué nos alimenta el dolor y la vergüenza de los otros? Eso, es una enfermedad mil veces peor que la cleptomanía.