Solo caminaron unos pasos delante de nosotros. Y sí, es muy duro decirles adiós, pero en realidad los vamos a alcanzar en breve. Somos la eternidad, la vida en este plano es un parpadeo en el infinito.
Ellos dejaron su cuerpo, este traje temporal que la madre tierra nos presta solo unos momentos, pero su Misión aun no acaba; liberarse de la tierra no es tan rápido como te han hecho creer.
Las tareas en la vida se hacen en parte con nuestro cuerpo, pero muchas otras son asunto del alma. Por eso a los que se marchan los soñamos, nos hablan, se manifiestan, de alguna manera se hacen entender. Así que lo que necesites decirles, hazlo en soledad y en silencio, en oración.
Ten por seguro que aquí siguen, y seguirán bastantes años todavía, antes de poder partir de esta tierra, cumpliendo sus tareas pendientes. Que los escuches o percibas, depende de tu sensibilidad y de ciertos permisos espirituales, pero el lazo existe.
No es cierto que no debas llorarles, ni que eso retrase su vuelo. Si necesitas llorar y desahogarte, hazlo; no te quedes con las cosas. Libera tu sentir. Habrá un momento en que la paz de la oración y el diálogo espiritual con ellos, te irá trayendo paz y serenidad.
Pero no necesitas hacerte el fuerte ni reprimir nada. Esta, nuestra tonta cultura todo te juzga, y te inhibe y te reprime. Suelta esos conceptos tontos. Te dicen a veces “no llores porque a él (o ella) no le gustaría verte triste”.
Son afirmaciones sin sentido. Cerrar ciclos y despedirte es un proceso lento. Lo que te ayuda es no aferrarte a lo físico, a lo tangible, a lo transitorio. La idea es aceptar gradualmente que somos la eternidad y que nada muere, que solo nos transformamos.
Pedir perdón y perdonar a través de la oración y los lazos filiales, nos ayuda a cumplir la Misión espiritual con nuestras familias. Nada sana si no hay perdón, si seguimos identificados con el daño y el dolor. Si perdonas y te perdonas, liberas y te liberas.
La Misión estará cumplida. Regresamos a vivir con los mismos seres una y otra vez, si no aprendemos a amar y soltar. El resentimiento retrasa la evolución y entorpece la vida y la muerte. Lo que desatas aquí, lo desatas en la eternidad.