Esas cosas fugaces

  • Semillas de conciencia
  • Gabriel Rubio Badillo

tampico /

Tú y yo sabemos que no alcanza; que la vida no se escribe de momentos. No hay forma de atrapar el tiempo; cae la tarde, te vuelves mi todo, y en la mañana te extingues igual que las sombras.

Un hotel de carretera dura lo mismo, que en las noches las estrellas. Tú y yo lo sabemos.

Una cama fugaz y lo terso de tu espalda no hacen al amor; no te dan una vida. Tus besos que no acaban, no me siguen a casa. Tus ojos brillantes… lámpara que no calienta.

Y el café por la mañana, se enfría tan rápido como corre tu reloj exigiéndote un regreso. Se enfría igual que la promesa de un futuro.

La rutina te reclama. Tus miedos son murciélagos que te dejan sin sangre. Nunca has de quedarte. Lo sé y lo sabemos. Pero jugamos a ser eternos, a tener luz, a estar vivos. Tan vivos como el verde junto a la carretera.

Me tocas y te toco, nos suponemos reales. Nos damos por hecho. Nos asumimos. Y no. Lo sé y lo sabes. No es cierto. Tristemente no es cierto.

Y el motor ruge de vuelta a casa, te devuelvo, te me prestan, con tu cara de así como si nada. La ternura se te fue por la ventanilla. Tus ojos ya no me miran. Miran la agenda y el reloj. Se fugan la magia y las promesas.

Tú y yo sabemos que se va la vida; se despide el paraíso, donde nos quitamos las máscaras y la ropa. Donde te das permiso de ser tú por poco tiempo. Y renuncias al caos del que bebes a diario. Y a la locura elegida como forma de vida. Por miedo quizá. O por costumbre.

Le decimos adiós a la orilla y al río, a la arena para andar descalzos. Dejas de ser tú y dejo de ser yo; porque dices tú que no hay remedio.

Y de pronto tu falda breve se vuelve un punto en la distancia. Tu mano y tu sonrisa, y esa involuntaria crueldad, han memorizado cómo decir adiós. Siempre igual. Te veo partir. Atenazando tu perfume, que también amenaza con irse.

Mientras bebo el recuerdo de tus piernas, la ciudad me regresa del sueño. Lágrimas ya escasas se me caen despacio, otras se fueron en tus cabellos.

¿Y sabes...? Todas esas cosas, tan fugaces y tan tuyas, se llevan de vez en vez, un pedazo de mi vida; es la cuota por subirse al mundo. Es el costo de dejar de ser fantasma. Por ratitos...

Así, se muere a pedacitos. Tú y yo lo sabemos. _

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