Hacer una pausa

  • Semillas de conciencia
  • Gabriel Rubio Badillo

Tamaulipas /

Todos necesitamos detenernos en algún momento de nuestra vida para hacernos preguntas sobre las áreas más importantes: ¿Estamos yendo en la dirección correcta? ¿Estamos en la relación que soñábamos? ¿Las acciones que estamos haciendo a diario, nos están acercando a nuestras metas?

¿Estamos realmente cumpliendo los sueños y las cosas que queremos, o en realidad sólo estamos complaciendo a otras personas? ¿Esto que estamos viviendo nos genera plenitud o simplemente estamos sobreviviendo y conformándonos con los resultados actuales?

Hacer una pausa no solamente significa tomarse unas vacaciones para descansar del estrés; representa el frenar y ponerle un alto también, a la certeza excesiva que le otorgamos a muchas de nuestras creencias y filtros mentales, para darnos la oportunidad de preguntarnos si habría una mejor manera de encarar la vida, o si hay hábitos que ya necesitamos erradicar de nuestro comportamiento y nuestra manera de pensar.

A veces vamos por la vida en una frenética persecución del éxito, y creemos que andar en una prisa ansiosa por ser más productivos, nos hará mejores personas… y no es así; nos estamos perdiendo de la vida y del viaje de las experiencias del día a día.

No todo se trata de trabajar y hacer dinero, ni tenemos porque sentirnos culpables cuando descansamos.

Una pausa es muy importante de vez en cuando para replantearnos el camino y preguntarnos si en verdad estamos poniendo el corazón en las cosas que hacemos o ya es tiempo de modificar el rumbo.

Nos sirve para revisar los resultados que estamos obteniendo de nuestros paradigmas y filtros mentales, y darnos cuenta si ya es tiempo de modificarlos para tener mejores resultados. También es benéfico para identificar cuáles de nuestras principales habilidades necesitan ser pulidas o mejoradas para traernos más efectividad con menos esfuerzos.

Hagamos una pausa sobre todo para el reencuentro con nuestra esencia y verdaderas necesidades emocionales; a veces vamos perdiendo el hábito de escucharnos a nosotros mismos.

Una pausa nos conecta con la espiritualidad o la mística y sentido de vida: los logros externos por sí mismos nunca son suficientes para la auténtica felicidad.


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