Estamos llenos de libros y consejos de moda para invitarte a soltar. A dejar ir. A no aferrarte. Y hay mucho de razón en ellos: lo espontáneo debiera ser el sello de cualquier relación. Sin embargo, poco se insiste en el trabajo de cuidar. De atender. De reconstruir relaciones. La tendencia es a no batallar. A deshacerte de la gente como si fueran cosas desechables. Y en una sociedad que se consume en la intolerancia, esas fórmulas de “liberación” llevadas al extremo, abonan más a la fragmentación.
Nos está costando tanto dar de sí. No necesitamos más libros ni cursos de desapego ni estrategias para decir adiós. Nos urgen libros que nos dirijan a desarrollar comprensión. Cursos que nos enseñen cómo ser más tolerantes. Un Gurú que nos dirija en la “difícil tarea” de ser pacientes con los demás. De no aferrarnos a tener siempre la razón. En la vida, hay más gente ocupada y peleando por tener la razón, que gente enfocada a ser felices.
Nos cuesta dar. Pensar en el otro. Ser desprendidos. Nos aferramos a perseguir cosas y nos olvidamos de la gente. Las personas envejecen. Se nos acaban. Y pasarles por encima no puede llevar a otro lado más que al vacío. Eso hay al final del camino del egoísmo: Un despeñadero donde se vacían las ansias y la vida. Los motivos e impulsos. Las prisas y sobre todo ese afán loco por asegurarnos de que “estábamos en lo correcto por encima de los demás.
Necesitamos más gente que se detenga, que no pase de largo. Más conductores que se bajen a empujar cuando ven un coche averiado. Y menos gente frenética pitando el claxon para que se apure el desafortunado sujeto. Mas gente con sentido común y un mínimo de sensibilidad humana, que deje de grabar videos sobre una pelea, y se ocupe en separar a los pleitistas y parar la reyerta. Hacen falta cosas edificantes en redes sociales; más posts promotores de buenas noticias o pautas para el éxito. Más gente consciente para no masacrar el tiempo, publicando aberraciones y desvaríos.
Si tan solo supiéramos de la maravillosa sensación que prosigue al dar... que cuando damos el alma se llena. Que el vacío y la carencia vienen cuando solo atesoras y poco compartes. No te canses de dar.
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Gabriel Rubio Badillo
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