Los hijos usados como un arma

  • Semillas de conciencia
  • Gabriel Rubio Badillo

Tamaulipas /

Los padres egoístas van a encontrar mil argumentos para hacer su voluntad pretextando siempre que lo hacen por proteger y cuidar a los pequeños. Lo cierto es que en su desmesurado egoísmo, ni siquiera son capaces de pensar en las profundas heridas emocionales que están causando.

El afán por tener la razón, por desquitarse de su ex pareja, lamentablemente se convierte en el motor de sus decisiones. Es terrible cuando las peores amenazas que un niño puede enfrentar, viven con él y duermen en la misma cama. El enemigo no siempre está allá afuera en las calles; a veces suelen ser los propios progenitores.

Independientemente de quien sea el ganador en la disputa jurídica por una custodia, esa ventaja no necesariamente se convierte en el mejor escenario para el niño. Por la sencilla razón de que es la principal víctima de un proceso que puede perpetuarse años enteros, ante las enormes lagunas legales de nuestro sistema y la brutal corrupción de muchos de los jueces.

La justicia es lenta e indiferente. Nuestro sistema es insensible y absurdo. Nuestros legisladores, nunca pensaron en qué come y qué viste un niño, mientras los juzgados deliberan qué procede respecto a su manutención y sus derechos. ¿Será que ellos no tienen hijos o son igual de egoístas que muchos padres?

México es uno de los peores escenarios para tener hijos: están a merced de un sistema podrido y, en ocasiones, de padres trastornados por el odio, el resentimiento y el revanchismo hacia su ex pareja.

El niño usado como arma o escudo, vive a través de este entramado jurídico y psicológico, un infierno que le seguirá cobrando factura años después. Lo perseguirá hasta la vida adulta. A veces aprenderá a odiar a uno de sus padres, porque fue víctima de mentiras. Porque la ley no supo encontrar la verdad. O no quiso hacerlo porque había dinero de por medio.

Pobres de nuestros chicos. Qué panorama tan negro. Porque nada se resuelve. Las personas que debieran ser las encargadas de transmitirles amor y seguridad, y fortalecer su autoestima, resulta que son las mismas que lo único que les están proporcionando, son traumas psicológicos, de los que a veces no será posible recuperarse.


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