Navidad sin hipocresía

  • Semillas de conciencia
  • Gabriel Rubio Badillo

tampico /

No empieces a condicionar a tu familia para la cena de Navidad; extorsionarlos con que “si invitan a la tía fulana tú no asistirás”, o con que “no quieres que venga el primo mengano”. Eso es ser hipócrita; el verdadero significado de la Navidad no admite odios ni resentimientos.

Sentarte a compartir el pan a la mesa con la gente que amas, se vuelve un acto de suma falsedad si en el fondo mantienes coraje y discordia con algunos. Es el mismo acto de simulación de los que acuden a una celebración religiosa a darse golpes de pecho, y se la pasan criticando a la concurrencia. O salen a discutir por la mínima tontería con su familia.

“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”, dice Mateo con gran certeza.

El mensaje fundamental de todos los significados en estas fechas, se trata del perdón. De la aceptación incondicional de los otros. De ser capaz de perdonarnos a nosotros mismos y dejar de recriminarnos errores. Porque si no somos justos con nosotros, no podremos tampoco perdonar a otros.

Y no confundamos; no se trata de pasar por alto a personas y situaciones que nos hacen daño. Por supuesto que tenemos que aprender a poner límites, y en ocasiones habrá personas de quien resulte mejor, y más saludable, estar lejos. Se trate de quien se trate.

Pero vivir de rencores añejos y de antiguas afrentas, es una garantía de amargura y malestar. Un padre que no se habla con su hijo por diferencias absurdas, genera una herida grave en el sistema familiar. Hermanos que duran años peleados por un terreno, son una vergüenza para la familia.

La madre controladora que sigue y sigue resentida con la nuera, porque no la quería para su hijo, es una fuente de discordia y mortificación para todos. No se puede hablar de una noche de paz y amor con estos escenarios.

Por cada familia que vive peleada y enojada, el mensaje y el sacrificio del nazareno se vuelven infructuosos. No se trata de ignorar las emociones negativas ni de fingir que no pasa nada; pero para eso existe la psicoterapia… _

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