La vida es demasiado corta. Se necesita ir ligero de equipaje para disfrutar el paisaje y la experiencia. En esta tierra fuimos puestos con algunos compañeros de viaje: nuestra familia.
Tan distintos, tan cambiantes y quizá algo difíciles. De los que a veces renegamos y pensamos que son las personas más desesperantes e intransigentes.
Eso pasa a menudo, cuando dejamos de mirarnos al espejo de la humildad para no ver nuestras propias incongruencias.
Tenemos un destino: la realización del amor incondicional. La familia es una Misión Espiritual y llevarse bien con ellos equivale al examen de grado de la vida.
¡Y no te equivoques! Tu examen no incluye controlar el cómo reacciona tu madre, ni el carácter de tu padre, o lo difícil que es tu hermano o tu hijo... No... No importa qué hicieron o qué dijeron cuando tú te acercaste a ellos.
La vida al final te cuestiona a ti. Por la parte del puente que te tocaba construir para acercarte a tus seres amados. El 50%. Nada más y nada menos. Ocúpate de pedir perdón tú. De perdonar primero tú. De decir “te amo”. Ser el primero en decir “lo siento”.
Y olvídate de cómo reaccionan los otros. Eso ya no te compete a ti. No eres el gurú de nadie. Así que deja de juzgarlos y de llevarles las cuentas.
Si quieren disolverse en el ácido del orgullo, es asunto de ellos. Que por ti no quede.
Que no seas tú quien se quedó detrás de la soberbia. Cuídate de que el final de la vida no te sorprenda odiando. Que no te pille la muerte de sorpresa, con los besos que te guardaste, y que por orgullo nunca diste.
No podrás convencer a la muerte de regalarte unos minutos extra para ir a darlos. Así que hazlo ahora. No hay forma más espantosa de desperdiciar la vida que “tener el poder y ser el que nunca cedía”.
Dale a los que amas antes de que se marchen, las suficientes caricias y atenciones para no tener que ahogarte en la culpa. No sabes si los verás esta noche o si amanecerán mañana.
Así que perdona. Manda a la basura las cosas que te oprimen el alma y atrévete a saltarles encima en un abrazo. “Las lágrimas más amargas que se derraman sobre una tumba, son siempre por aquellas cosas que no se hicieron, y que no se dijeron”.