Polvo de Hadas

  • Semillas de conciencia
  • Gabriel Rubio Badillo

Tampico /

El amor dura más que la magia. El amor tiene compostura. La magia no. La magia en el amor es un pequeñísimo costal con polvo de hadas. Pero es lo que hace que el amor sea una cosa esplendorosa. No es rellenable. No se regenera. Cada espina en el corazón, cada lágrima, significa un retiro de efectivo. Las briznas de polvo se van perdiendo. El perdón no sirve para eso. El perdón funciona para el amor. Regenera al amor. El polvo de hadas que sale de la bolsa, simplemente no vuelve.

La magia le da el brillo a los ojos de la persona amada. Ese brillo especial, invisible para los demás. Esa chispa en las pupilas del otro que solo tú puedes ver. Cuando dejamos caer el corazón del otro, en cada impacto, un nuevo retiro se produce. La magia comienza a irse de las miradas. Aunque quede el amor. El amor te hace cuidar y proteger a la persona. El polvo de hadas te hace admirarla. Los descuidos tienen remedio. El perdón lava las heridas y el amor se reconstruye. La magia solo se va perdiendo.

Las mariposas en el estomago nacen del costal. Se alimentan del polvo de hadas. Las traiciones las aplastan, a veces a todas juntas. Las mariposas te hacen correr al ver venir al ser amado y saltarle encima como un niño. El amor solo te permite estrecharlo con fuerza cuando llega a tus brazos.

La magia es un garbanzo con pólvora con posibilidades de ser eterno. Es un tsunami que sale de la bolsa. Lo arrastra todo. El amor son vientos sosegados, en un puerto seguro.

El polvo de hadas es extremadamente fino. Pero es la fuerza más poderosa del universo y a su vez la más frágil. La magia es una avalancha de mariposas, es la sonrisa involuntaria, el sol que se enciende en tus ojos al mirar al ser amado.

Por eso, si aún te queda algo de ese polvo en el costal... cuídalo. No dejes que se mueran las mariposas. No dejes que nunca se les acabe la magia. La magia no se acaba con los años. Se acaba con las decepciones.

Cuando te acabas el polvo de hadas, lo que queda es una parvada de golondrinas alimentadas por la nostalgia. Que cruzan el cielo cada tarde mientras tú suspiras. Cuando te acabas el polvo de hadas, comienzas a extrañar al ser amado a pesar de tenerlo a un lado. Añoras algo que jamás volverá. Miras por la ventana anhelando aquello que un día fuiste. Esperas un sol que sabes que no saldrá más. Y en ese esperar te llegan los años y la nieve en el cabello. Y dejas de reír a carcajadas. Simplemente se te olvida cómo. Para entonces, te habrás instalado en eso que algunos llaman “estabilidad y madurez”. O terminas usando a la gente. Dejándolos secos. Como lo estás tú.

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