Versiones de la caída del señor del puente de Tancol, en Tampico, habrá muchas; opiniones sobre lo que deberían haber hecho los testigos, también abundan. Lo cierto es que la soledad, cuando se combina con la indiferencia, produce un triste coctel que puede llevar a la depresión y al suicidio.
Sin ánimo de particularizar ese caso en especial, por desconocer el trasfondo, es importante resaltar la necesidad del acercamiento en la familia, de disminuir el individualismo en que caemos al interior del hogar.
Las pantallas de TV y de teléfono no son el enemigo; se les ha satanizado pero la ciberadicción no es un problema por sí sola, sino una consecuencia. ¿De qué? De descuidos en casa, de no fomentar relaciones, de permitir a los niños pasar horas en una tableta; por flojera o indiferencia y no construir momentos interactivos con ellos.
Y algo similar pasa con nuestros viejecitos; los vamos borrando de la agenda, dejamos que se vuelvan invisibles, descuidamos su salud hasta que a veces ya es muy tarde. El agradecimiento se ha ido relegando en la enseñanza de padres a hijos.
Eso incluye la salud mental que, cuando se deteriora, provoca que muchos ancianos terminen deambulando en la calle y arriesgando la vida cuando la tristeza se vuelve insostenible.
Una historia de vida en donde no se desarrollaron habilidades socioemocionales para crear relaciones profundas y duraderas, ha hecho pasar a mucha gente una amarga experiencia de soledad, al verse sin amigos y sin pareja.
Enfrentar los problemas sin tener a nadie con quien desahogarse de las vivencias del día al volver a casa, suele ser duro, y opaca nuestros filtros con que percibimos la realidad. Un problema sencillo de resolver con ayuda, puede ser visto como insuperable por quien enfrenta aislamiento emocional.
Y finalmente la gente en la calle que se sigue de largo e ignora a los pacientes con algún padecimiento mental, como pasó también en México, con un taxista que perdió la vida en un choque mientras sufría una crisis psicótica.
Necesitamos cortar la cadena entre la tristeza, la soledad y la indiferencia, o de lo contrario seguiremos pagando más vidas como factura.