Mientras miles de familias abren la llave y reciben agua turbia, maloliente o simplemente nada, el Gobierno de Jalisco pide al Congreso autorizar un compromiso financiero que sobrevivirá a varias administraciones. La emergencia se mide en días. La factura, en décadas.
El acueducto sustituto Chapala-Guadalajara costaría 11 mil 922 millones de pesos en construcción. Sin embargo, los escenarios de Hacienda elevan el costo total del contrato a 39 mil 689 millones en 20 años o 48 mil 296 millones en 25, sin IVA. Una diferencia que exige algo más que discursos tranquilizadores.
Se asegura que no habrá deuda ni privatización. Es cierto que el modelo CMRO no equivale, por sí mismo, a vender el servicio de agua. Tampoco obliga al gobierno a contratar directamente el crédito. Pero el particular se endeuda y el erario paga, incluidos los costos financieros. Ahí está el truco. Cambiar el nombre del pasivo, no desaparece el compromiso presupuestal.
¿Quién evaluó si esta fórmula resulta menos costosa que otras opciones? ¿Qué garantías habrá sobre calidad, plazos y penalizaciones? ¿Quién responderá si la obra se retrasa? Antes de comprometer recursos de futuros gobiernos, el Congreso debe exigir comparaciones financieras, contratos públicos y supervisión independiente.
La obra puede ser necesaria. Lo que no puede es presentarse como respuesta suficiente a una crisis que empieza mucho antes de la tubería. Ningún acueducto sustituye la modernización de las potabilizadoras, el saneamiento de las fuentes, la renovación de las redes ni la reestructuración del SIAPA. Llevar más agua hacia una infraestructura deteriorada no garantiza llevar agua limpia hasta las casas.
Mientras se anuncian inversiones multimillonarias, los hogares enfrentan cortes, compran garrafones y cargan con el costo cotidiano de la incompetencia acumulada. La urgencia sanitaria no puede convertirse en licencia para aprobar a ciegas un contrato de 25 años.
Jalisco necesita un acueducto que funcione, un SIAPA que rinda cuentas y un plan integral verificable. No una solución monumental para la fotografía, acompañada de una factura que pagarán generaciones enteras.
El agua ya llega lo suficientemente sucia. Lo imperdonable sería que también llegara hipotecada por otra enorme deuda.