El Siapa que ya no admite maquillaje

Jalisco /

La crisis del Siapa no es un accidente técnico. Es la expresión de una forma de gobernar el agua que durante años normalizó la opacidad, el deterioro y la entrega del interés público a la lógica del negocio. Cuando el Imdec y 23 organizaciones identifican 20 fallas estructurales, no presentan un inventario de quejas, sino una pregunta incómoda. ¿Quién ha administrado el agua de la ciudad y para quién?

El diagnóstico es severo, porque la realidad también lo es. Redes obsoletas que pierden hasta la mitad del agua, adjudicaciones millonarias, falta de información sobre calidad, cartera vencida, equipos sin mantenimiento, trabajadores sin herramientas y una ciudadanía obligada a pagar más por un servicio que recibe menos. El problema no está sólo en las tuberías. Una institución puede tener fugas físicas, pero también fugas políticas y éticas.

Por eso la propuesta de dar un componente social al Siapa tiene relevancia. No se trata de sumar representantes como ornamento democrático, sino de disputar la conducción de un organismo capturado por inercias burocráticas e intereses inmobiliarios. El agua no puede administrarse como mercancía escasa para justificar megaproyectos, ni como botín técnico para repartir contratos.

El derecho humano al agua, reconocido por la ONU, obliga a mirar el abastecimiento, el saneamiento y la transparencia como deberes. De ahí la importancia de una mesa permanente sobre calidad del agua, auditorías independientes, sanciones a la corrupción, revisión del acueducto Chapala Guadalajara y apertura de los órganos de decisión a usuarios y trabajadores. Sin información pública y vigilancia social, cualquier modernización será control de daños.

También es necesario escuchar a quienes sostienen la operación diaria. Los trabajadores advierten falta de vehículos, materiales, personal técnico y mantenimiento en tanques y redes. Despreciar ese conocimiento sería repetir el error de una administración que confundió dirección pública con mando vertical.

Reconstruir el Siapa exige tecnología, inversión y planeación. La ciudad no necesita otro discurso escrito desde los escritorios. Necesita una institución capaz de abrir sus cuentas y entender que cada fuga de agua es, también, una fuga de la ciudad.


  • Gabriel Torres Espinoza
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