México en “fuera de lugar” sanitario

Jalisco /

La cuenta regresiva para el Mundial 2026 ha comenzado con una alerta encendida. Jalisco, una de las sedes más visibles de la justa deportiva, enfrenta el segundo brote activo de sarampión más severo del país, con alrededor de 350 casos, sólo confirmados en las primeras semanas de enero. A pesar del aumento en la cobertura de vacunación, la cifra de contagios preocupa por su velocidad de propagación y por el simbolismo que encierra, pues estamos a meses de recibir a millones de turistas en medio de una epidemia.

El retroceso no es menor. Hasta hace poco más de un año, América era la única región del mundo libre de sarampión endémico. Hoy, México lidera los contagios en el continente con más de seis mil casos confirmados en 2025, superando incluso a Canadá y Estados Unidos. Ya que se registran 24 muertes en territorio nacional, la mayoría en menores no vacunados.

La situación de Jalisco es particularmente grave. Mil veinte casos acumulados hasta el 18 de enero, con un 96 por ciento de pacientes sin esquema de vacunación completo, revelan la fractura estructural del sistema de prevención. La transmisión se ha concentrado en municipios del Área Metropolitana de Guadalajara como Tonalá, Tlaquepaque y Zapopan, y en regiones rurales como Arandas y los Altos, lo que evidencia que el virus no distingue entre zonas urbanas o periféricas, pero sí aprovecha la omisión en las vacunas.

Las autoridades estatales intentan revertir el escenario con un despliegue acelerado de vacunación, mediante la aplicación 1.3 millones de dosis, en 45 días, para alcanzar una cobertura del 95 por ciento. El objetivo es loable, pero ciertamente tardío. El sarampión no espera campañas de emergencia, ni responde a cálculos burocráticos. Es un virus con una capacidad de contagio muy superior a la del COVID-19. Una persona infectada puede transmitirlo a entre 15 y 16 más, y el virus puede permanecer activo hasta por dos horas en espacios cerrados.

La paradoja es profunda. Mientras se promueve a México como anfitrión de un evento de talla mundial, con cuatro partidos programados en el Estadio Akron y una expectativa de más de tres millones de visitantes, se insiste en un discurso institucional que minimiza el riesgo sanitario. La misma Secretaría de Salud en Jalisco afirmó que no es necesario exigir vacunación a los turistas, aun cuando a los mexicanos sí se les solicita una cartilla de vacunación básica para ingresar a diversos países.

Las medidas anunciadas, como la contratación de 600 médicos y la organización de sedes del “fan fest”, pueden ser logísticamente útiles, pero resultan insuficientes frente a una epidemia activa. La posibilidad de que el Mundial se convierta en un punto de inflexión epidemiológico para el sarampión en América no es una hipótesis alarmista, sino un riesgo calculado del que muy poco se quiere hablar.

La situación internacional tampoco ofrece garantías. En Estados Unidos, el debilitamiento institucional ha sido evidente. Con la designación de figuras como Robert F. Kennedy Jr. al frente del Departamento de Salud, se ha promovido un discurso antivacunas que socava décadas de consenso científico. En noviembre pasado, el CDC sustituyó su información basada en evidencia por afirmaciones infundadas sobre supuestos vínculos entre las vacunas y el autismo. El resultado hoy es palpable, pues hay brotes en Utah, Arizona y Texas relacionados con la misma cepa que circula en México y Canadá.

La Organización Panamericana de la Salud se enfrenta ahora a una disyuntiva. Con Canadá ya fuera del estatus de país libre de sarampión y México solicitando una prórroga para mantener el reconocimiento, la región asiste a una regresión sanitaria que parecía improbable hace apenas un lustro. Y lo más grave es que, como advirtió la propia OPS, el problema no fue la falta de recursos, sino de compromiso institucional.

La historia ya nos ha demostrado que los grandes eventos pueden catalizar tragedias sanitarias cuando se ignoran las advertencias. No hay nacionalismo, fiesta ni espectáculo deportivo que justifique la indolencia frente a una epidemia. El sarampión no debería encontrar en el Mundial una plataforma para globalizarse de nuevo. El espectáculo está por comenzar, pero el sarampión ya tiene las gradas llenas.


  • Gabriel Torres Espinoza
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