¿Quién manda en las urnas?

Jalisco /
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El 6 de junio de 2027 estarán en disputa 1,490 cargos, entre diputaciones, presidencias municipales, sindicaturas y regidurías. Más de seis millones podrán votar. Sin embargo, la elección no se medirá por el número de boletas, sino por la capacidad institucional para proteger el voto.

El primer desafío tiene nombre y apellido. Ernesto Santana Bracamontes llega a la presidencia del IEPC con una trayectoria jurisdiccional que debería servirle para ejercer autoridad. Encuentra un organismo marcado por las controversias de 2024 y la necesidad de recuperar confianza. Su designación abre una oportunidad, no una garantía. La autonomía no se proclama en ceremonias. Se demuestra cuando una decisión incómoda al gobierno, a los partidos o a los propios consejeros.

La primera señal estará en la Secretaría Ejecutiva y en la integración de los 145 consejos municipales y distritales. Si los nombramientos responden a cuotas de los consejeros, afinidades o recomendaciones partidistas, la desconfianza habrá comenzado antes de instalar la primera casilla. Un árbitro que negocia su independencia termina administrando los intereses de quienes debería vigilar.

El segundo desafío es más delicado. Los dirigentes del PAN y del PRI han advertido sobre la posible intervención del crimen organizado. La denuncia de que en algunos municipios los aspirantes necesitan la venia de poderes ajenos a la política exige pruebas, investigación y una respuesta coordinada de las autoridades de seguridad. No corresponde al IEPCEJ sustituirlas, pero tampoco mirar hacia otro lado. La violencia puede torcer una elección sin alterar una sola acta, cuando impide registrar candidaturas, intimida al votante o condiciona a quienes resultan electos.

La protección no puede comenzar cuando arranquen las campañas. Se requieren mapas de riesgo, protocolos de denuncia y medidas para aspirantes amenazados. El secreto del voto pierde sentido si alguien más decide previamente quién puede competir. Una democracia en la que se pide permiso al crimen para ser candidato ya comenzó a perder su libertad.

El tercer desafío es la integridad del sufragio. En 2024, el Programa de Resultados Preliminares  –PREP– cerró con 86.3 por ciento de las actas capturadas para gubernatura, 83.8 para diputaciones y 81.05 para ayuntamientos. No son cifras que prueben fraude ni sustituyen los cómputos oficiales, pero obligan a explicar por qué el mecanismo de información preliminar concluyó con esa cobertura, dejando sin certeza el día de la votación. La autoridad electoral debe ofrecer diagnósticos, auditorías, pruebas y correcciones verificables, antes de iniciar con este Programa. No solamente pedir confianza por decreto.

Se anuncia geolocalización de paquetes electorales y transmisión en vivo de momentos relevantes. Bienvenida la tecnología, siempre que no se confunda visibilidad con integridad. Saber dónde circula un paquete no acredita que su contenido permanezca intacto. Hacen falta registros de traslado, responsables identificables, resguardo documentado, vigilancia plural y recuentos rigurosos. Los votos se protegen con evidencia, no con escenografías de transparencia.

El cuarto desafío es la equidad frente al poder. Gobiernos de distintos signos disponen de presupuestos, programas sociales, publicidad institucional y estructuras territoriales. Ninguno debería convertirlos en maquinaria electoral. La neutralidad debe exigirse al gobierno estatal, a los ayuntamientos y a la Federación, sin excepciones convenientes. El IEPCEJ tendrá que demostrar que sabe actuar con la misma firmeza frente a quienes gobiernan y quienes pretenden gobernar. El poder público no puede transformarse en ventaja privada de un partido.

Esta elección no necesita otro catálogo de buenas intenciones. Necesita una autoridad electoral independiente, candidaturas libres de coerción, resultados comprobables y un terreno para la competencia entre partidos, sin ventajas oficiales. La prueba de Santana Bracamontes comenzará cuando esos principios choquen con intereses concretos. Los órganos electorales no fracasan únicamente cuando se manipula el resultado. También cuando el elector descubre que la competencia estaba condicionada, incluso antes de depositar su voto.


  • Gabriel Torres Espinoza
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