Jalisco está perdiendo sus bosques mientras seguimos discutiendo cuántos árboles debemos plantar. El problema es que ambas cosas no son equivalentes. Durante el primer semestre de 2026, los incendios forestales dejaron 403 mil 758 hectáreas afectadas en México. Jalisco encabezó la lista de entidades con más siniestros y también la superficie dañada, con 52 mil 498 hectáreas.
Pero, la pérdida forestal también avanza por el cambio de uso de suelo. El agave, la ganadería, los desarrollos inmobiliarios, los caminos, la tala ilegal y otros factores están transformando superficies que tardaron décadas (o siglos) en formarse. En Jalisco, tan sólo entre 2019 y 2021 se perdieron más de 23 mil hectáreas de bosque por cambio de uso de suelo, con el cultivo de agave y el aguacate, como uno de los principales motores.
El Bosque La Primavera es quizá el ejemplo más evidente de esta contradicción. Lo llamamos pulmón de Guadalajara, pero permitimos que a su alrededor y en zonas donde debería existir una vigilancia mucho más estricta, avancen actividades que fragmentan y degradan el territorio. El bosque no necesita discursos sobre su importancia: necesita que el cambio de uso de suelo deje de ser visto como un costo inevitable del crecimiento urbano.
Y el problema se repite dentro de la ciudad. El Área Metropolitana de Guadalajara tiene más de 1.3 millones de árboles, pero 11 por ciento presenta un estado de salud débil. El problema es también urbano. Banquetas estrechas, pavimento, suelo compactado, podas inadecuadas y falta de mantenimiento someten a los árboles a condiciones que terminan debilitándolos. Y cuando llegan las lluvias, el árbol enfermo se convierte en riesgo y entonces la solución suele ser derribarlo.
Jalisco necesita dejar de medir su política ambiental por árboles plantados y comenzar a medirla por bosque conservado. La ciudad puede sembrar miles de árboles y, al mismo tiempo, seguir deforestando su territorio. Eso no es una política verde. Es el maquillaje de una contradicción: destruir en minutos árboles que tardaron décadas en crecer y después pretender que unas cuantas jornadas de reforestación repararán el daño. No estamos sustituyendo árboles; estamos sustituyendo una responsabilidad, por una fotografía.