La incongruencia de celebrar Día de Muertos

Ciudad de México /

El culto a la vida, si es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte acaba por negar la vida”, Octavio Paz

Entre el llamado a la muerte de dos terceras partes de mexicanos para celebrarla por el Día de Muertos (encuesta Mercawise) y otros que la provocan para dar fin a sus oponentes (más de un millón de fallecidos en 2020, de acuerdo con INEGI). Unos la honorifican para llamar a sus  fallecidos aunque sea un solo día (2 noviembre), otros no les importa invocarla e irse con ella para lograr sus fines inmorales (29 homicidios por cada 100 mil habitantes, según INEGI) y los que luchan por espantarla.

La muerte es respetada y celebrada en estos días por los mexicanos por la tradición que venera a los que se fueron, desde hace más de 3 mil años, que es considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Porque la festejamos con desfiles en  las calles, con altares en las casas y los panteones, para llenarlos de colorido, sabores, olores, objetos significativos que irradian la creencia de que los que se fueron están en otra vida. Convicciones prehispánicas como actuales de una mayoría de religión católica.

Aunque dicha celebración, que es una perspectiva positiva y única sobre la muerte en nuestro país, estudiada e investigada por muchos en el mundo, sigue siendo parte de la polémica de algunos científicos y sin religión, que, aunque aceptan esto como parte de nuestra entidad, no concuerdan con aceptar que exista el más allá.

Los ateos consideran que morir es el regreso a la nada y para los científicos es imposible la existencia de cualquier cosa después, porque nuestra conciencia debería estar separada de nuestro cuerpo, y esto no se da. Para el físico Sean Carroll creer que hay algo después, requiere de una física más allá del modelo estándar.

Considerados como de los más inteligentes en la historia de la humanidad concuerdan con lo anterior, como es Stephen Hawking, que en su último libro mencionó, “creo que creer en la vida después de la muerte es una ilusión”. Mientras que Alberto Einstein consideró que “tampoco puedo creer que el individuo sobreviva a la muerte del cuerpo”.

Sin embargo, para todas las principales religiones monoteístas, todas estas apreciaciones son soslayadas por la existencia del alma que es la que continúa viviendo, que es inmortal o vive la reencarnación en otro cuerpo o ser vivo, puede resucitar y esperar el día del juicio. La enseñanza para todos es “para morir bien hay vivir bien, es decir alejarse de emociones como el apego, la ira, miedo o violencia”, de acuerdo con Dalai Lama.

Pero a quién le importa el pensamiento científico o religioso cuando existe la impotencia, la tristeza y el desconsuelo de los que mueren a destiempo por homicidios, por la pandemia de covid-19 (más de 300 mil muertes, según la SS.), o por situaciones de pobreza. Miles de familias mexicanas han vivido en los últimos años situaciones terribles que son llamados para buscar soluciones de la sociedad, la iniciativa privada y el gobierno.

La incongruencia de celebrar la muerte es no tener conciencia de “saber que vamos a morir, que es lo que hace que la vida sea única e irrepetible”, Platón. 

Gemma Medina

gemmazul@hotmail.com


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