Colombia: elección y lección

Ciudad de México /

M+.- La semana pasada tuvo lugar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. En ella, resultó triunfador por un escaso margen el candidato de la derecha, Abelardo de la Espriella, y perdió el abanderado del ala progresista, Iván Cepeda. Con este resultado, Colombia se suma al grupo de países latinoamericanos que ha transitado recientemente de un gobierno de izquierda hacia uno de derecha.

La lectura más simplista desde la izquierda (que incluye al actual presidente colombiano, Gustavo Petro) es que este resultado y esta tendencia se explican por la injerencia de Estados Unidos en los procesos electorales de la región. Aunque esto es parcialmente cierto, no es la única explicación, además de que no se aplica por igual en todos los países. En el caso de Colombia, por ejemplo, es más probable que los factores explicativos sean otros, de una naturaleza más bien interna.

Hay que recordar que, durante la primera vuelta, Cepeda tuvo prácticamente el mismo apoyo que tuvo Petro en su momento: mientras que Petro obtuvo 40.3% de los votos en 2022, Cepeda recibió 40.9% en 2026. Esto implica que el voto duro de la coalición que los postuló a ambos (el llamado Pacto Histórico) se mantuvo firme entre 2022 y 2026. La diferencia entonces recae en lo que ocurrió entre la primera y la segunda vuelta en ambas elecciones: mientras que Petro logró 10 puntos porcentuales adicionales de votación en 2022, lo que le otorgó la mayoría simple (50.4%), Cepeda apenas logró captar 8 puntos adicionales, lo que sólo le alcanzó para llegar a 48.7%, insuficiente para ganar. ¿Qué cambió entre 2022 y 2026 que dificultó la llegada de Cepeda a la Presidencia de Colombia? En mi opinión, la explicación reside en la gestión y conducción política del presidente Petro.

Después de la primera vuelta en 2022, algunos grupos de centro y centro-izquierda de Colombia se sumaron a la candidatura de Petro. Hubo un proceso de negociación política que permitió sumar a perfiles más moderados a dicha candidatura, lo que atrajo a sectores que no habían votado originalmente por Petro por considerarlo más extremista. Este arreglo político, que permitió el arribo de Petro a la Presidencia, se vio reflejado en nombramientos en su gabinete de personajes moderados muy respetados como José Antonio Ocampo en Finanzas y Alejandro Gaviria en Educación.

Muy pronto, sin embargo, Petro rompió este acuerdo político e impulsó una reforma al sector salud a la que se oponía el ala moderada de su gobierno. Esto se tradujo en la salida de varios miembros del gabinete, incluyendo a Ocampo y a Gaviria. Esta ruptura, la radicalización política, así como el constante discurso polarizador de Petro, se tradujeron en una decepción para esos grupos moderados que, crucialmente, habían apoyado su candidatura. Petro se dedicó a gobernar para su electorado, sin duda la minoría más grande del país, pero no la mayoría de la población. En el proceso, Petro decepcionó a aquellos sectores moderados que habían confiado en su candidatura, algunos de los cuales le retiraron su apoyo a él y al candidato oficialista en este proceso electoral. El resultado está a la vista. Y su lección, para quien la quiera ver, también.


  • Gerardo Esquivel
  • Economista.
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