Derrames

Ciudad de México /

El jueves pasado, Víctor Rodríguez Padilla, director General de Pemex, reconoció que la empresa estatal era la responsable del enorme derrame de hidrocarburos ocurrido en el Golfo de México. Para tener una idea de la dimensión de este desastre basta mencionar algunas cifras: hasta la semana pasada, se habían recolectado 875 toneladas de residuos de combustible en playas mexicanas; la extensión del derrame en el mar alcanzó los 75 kilómetros cuadrados, lo que representa más de mil 600 veces el tamaño de la Plaza de la Constitución (Zócalo) o más de 10 mil veces el tamaño de la cancha del Estadio Azteca.

Además de asumir la responsabilidad del derrame, que era algo sobre lo que ya se especulaba desde hace días, lo más sorprendente fue escuchar la cronología que describió el director General de Pemex y el reconocimiento de que subordinados suyos le mintieron abiertamente y le negaron la información en forma oportuna. El director informó lo siguiente (resaltado propio): “Cuando conocí el informe científico, el 3 de abril, convoqué al área operativa para que me proporcionara las imágenes satelitales y el movimiento de los barcos (…) durante febrero. Como hubo resistencia, pedí la información por oficio. Analicé personalmente las bitácoras de ocho barcos (…). De esos reportes obtuve datos y hechos de los cuales no fui informado”. 

La cronología y los hechos de los que no había sido informado el director son los siguientes: 1) la primera detección de aceite en el mar ocurrió el 6 de febrero; 2) buzos especializados identificaron el lugar exacto de la fuga en un oleoducto de Pemex el 8 de febrero; 3) se desplegaron 11 barcos para contener y recuperar los hidrocarburos fugados; 4) se recuperaron 350 mil litros de agua oleosa en las barreras de contención, los cuales fueron ocultadas; 5) durante varios días se decidió no cerrar la válvula del oleoducto en su totalidad, lo que hubiera limitado la duración y magnitud del derrame; 6) el cierre de la válvula principal no ocurrió sino hasta el 14 de febrero, una semana después de que se detectó la fuga; 7) la reparación de la fuga concluyó el 18 de febrero. Según el director General, ni la fuga ni la reparación le fueron informadas oportunamente a él ni a otros altos mandos de la empresa y, además, fueron “negadas sistemáticamente” por las áreas operativas “especialmente en marzo”.

¿Es creíble que puedan ocurrir todos estos hechos sin que nadie a lo largo de la cadena de mando se entere de lo que está pasando? ¿Es posible que funcionarios relativamente menores puedan movilizar 11 barcos y otros recursos de la empresa sin que nadie sospeche nada? ¿Ni el área de seguridad ni la de logística supieron o sospecharon algo? ¿Es factible que ocurra una fuga de esa magnitud sin que nadie arriba del nivel de subdirector reciba un reporte sobre la situación? ¿Por qué pasaron casi 2 meses entre el inicio del derrame y la exigencia de información por parte del director General? Una de dos: o alguien está mintiendo aquí o el desgobierno en la gestión de la empresa estatal es peor de lo que imaginábamos. Cualquiera de los dos escenarios es sumamente preocupante. ¿Será esta la gota que derrame el vaso? 


  • Gerardo Esquivel
  • Economista.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite